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Á OGHO DÍAS VISTA Los teatros y el Congreso. -Ruinosa competencia. -CMia K 6 re. Segundo escándalo de la misma El buen gusto en las discusiones. -Agua de Colonia. -Peticiones futuras. -i Ruede la Cuba 1- -Un presidente de muchas campanillas. lOrdenl y matrimonio. -Cencerrada inevitable. -Villancicos parlamentarios. -La oportunidad de los posibilistas. -A esperar á los Reyes. Noticias de la embajada. -Los moros premiados- -Belenes comparados. -Oro, incienso y mirra. -Corte de cuentas. El Tuerto, presidente. -Cuestiones monumentales. -El hilboquet de la Puerta del Sol. -La Cibeles aburrida. -Transacción. Los empresarios de teatros de esta corte piensan seriam e n t e en pedir al Congreso el próximo comienzo de las vacaciones parlamentarias, ó en otro caso u n a fuerte indemnización por daños y perjuicios. En efecto, las Cortes están haciendo ruinosa competencia á los teatros; en v a n o éstos se esfuerzan por refrescar los carteles y renovar artistas y obras con toda la frecuencia que l a s veleidades del público exigen: todos sus cálculos resultarán fallidos mientras en el g r a n coliseo de n u e s t r a representación n a c i o n a l siga representándose á primera hora la acreditada revista Cuba libre, y después e! Segundo escándalo de la misma rias porque es absurdo considerar como parte de España t i e r r a s separadas geográficamente de nosotros. Nada, nada; España es u n a piel de toro, y á ella hemos Y a n o se t r a t a de la Cámara ú n i c a n i de las peticiones formuladas por el partido de la U n i ó n constitucional; estas cuestiones de mero detalle son n a d a j u n t o al pavoroso problema puesto á la orden del día con t a n exquisito t a c t o como buen gusto: ¿Pueden y deben emanciparse las colonias? Ol áro es que p a r a r á todo ello, ó h a b r á parado á estas fechas, en agua de colonia, y a que n o en agua de borrajas; pero entre t a n t o ¿quién nos quita el gusto de hablar en el Congreso como podría hacerse en el Ateneo ó en la Universidad, pr 6 dica, ndo en el templo de las leyes utópicas doctrinas de l a filosofía? Y a estoy viendo á u n señor diputado pedir que Ceuta y Melilla sean entregadas á los moros porque n i n g u n a nación europea puede t e n e r territorio en ajeno continente, y á otro ilustre padre de la patria solicitar con lágrimas en los ojos el abandono de las Baleares y de las Cana- de atenernos simplemente olvidando á l a vez que Inglat e r r a nos t i r a u n b u e n pellizco allá por Gibraltar y que P o r t u g a l nos deja t a m b i é n sin u n a t i r a no despreciable del susodicho pelleio. ¡Euede l a bola! ó mejor dicho, ¡ruédela Cuba! y ¡rueden las pequeñas Antillas después! Los secretarios de la Cámara popular no dan abasto al pedido de papeletas p a r a las tribunas de orden; la mayor í a pide sartenes y almireces porque es m u y poco el ruido que puede armarse con los bastones y con las tapas de los pupitres; el marqués de la- Vega de Armijo, acribillando la mesa á puros campanillazos, está demostrando que no es u n presidente vulgar, sino u n presidente de muchísimas campanillas. En balde con furiosos repiques y gruesos campanillazos se esfuerza por gritar: ¡Orden! ¡orden! Ü T es de este sacramento del que se t r a t a sino del inSo mediato posterior: del matrimonio entre el viejo posibilismo y la fusión, vieja también. Mucha parte de la Cámara acordó sin duda obsequiar con u n a cencerrada á los cónyuges (como es costumbre siempre que h a y matrimonio entre viejos) y en cencer r a d a continua vivimos y viviremos hasta que llegue Navidad. ¿Hay niños arriba? p r e g u n t a cualquier vecino pacifico á quien no le dejan sosegar los ruidos que llegan del piso superior. -No, le contestan; el inquilino del cuarto es u n diputado soltero, pero se ensaya todas l a s m a ñ a n a s p a r a la sesión del día.