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presidente concedió la palabra al abogado de mi contrincante. Me preparé á sufrir el bárbaro suplicio. Oi una voz enfática que decía: -Señores de la Sala: no se trata aqui únicamente de una cuestión de personas; hay algo más importante que esto: hay una cuestión de principios fundamentales del bienestar social. Desde hace tiempo, la propiedad viene sufriendo pérfidos y repetidos ataques de los que pretenden destruir esa sólida base de los adelantos morales y materiales de una nación. En el hecho motivo de este pleito, ¿concurren circunstancias demostrativas de un acto realizado contra la propiedad a. iena Aunque me cause disgusto hacer imputaciones de cierta clase, he de contestar afirmativamente á esta pregunta. El inquilino de la habitación, con intenciones aviesas, colocaba en la terraza grandes macetas de flores. A causa del peso y del agua que caía sobre el suelo cuando las regaba, comenzó éste á resentirse y acabó por dejar el paso franco á la lluvia. ¿Cómo ha de ser responsable el propietario de la finca de los desperfectos ocasionados por el agua? ¡Ah, señores! No necesito esforzarme para llevar al ánimo del dignísimo tribunal el convencimiento de que la razón asiste á mi patrocinado y de que las pretensiones de la parte contraria, á más de ser absurdas, merecen el calificativo de imprudentes. Es una gran imprudencia que el autor de un daño reclamo perjuicios al que lo ha sufrido. Los malos instintos engendrados al calor de las ideas disolventes, conducen á extremos lamentables y dan lugar á hechos que reprueba toda conciencia honrada. Agradezca nuestro adversario que no queramos deducir la responsabilidad criminal que podíamos exigirle si nos propusiéramos averiguar sus antecedentes. Después de esto, sólo me resta pedir á la Sala que condene al demandante al pago de las reparaciones que ha habido necesidad de hacer en la finca, y al de una indemnización por los trastornos que ha ocasionado su demanda á mi defendido. Calló el abogado del casero, y usó el mío de la palabra en los términos siguientes: -En verdad, señores, que con mucho gusto daría rienda suelta á mi hilaridad, prorrumpiendo en estrepitosas carcajadas, si no me lo impidiera el respeto que debo al sitio en que nos encontramos, Mi cliente un hombre peligroso! ¡IJn maquinador pérfido! ¡Un astuto destructor de la propiedad! Basta mirarle para comprender que se le calumnia. Su cara es el espejo de sus- sentimientos bondadosos. Es un hombre honrado que siempre se ha dejado engañar por cuantos han querido engañarle. Fundándome en lo que acabo do exponer, pido á la Sala que ampare con su nunca desmentida rectitud mis justas pretensiones. La Audiencia nos condenó al propietario y á mí. El tenía que abonarme una cantidad, y yo á él otra; las costas habíamos de pagarlas por partes iguales. -Espero que no se conformará usted, me dijo mi abogado al darme la noticia. Entablaremos recurso de casación. Todo se reduce á esperar unos cuantos meses y á desembolsar más dinero, que luego se recuperará, porque ha de ser nuestra la victoria. To le escuchaba con asombro. Al cabo de un rato contesté: -De modo que por el gusto de ser defendido nuevamente, tendré que estar otro año intranquilo, sobresaltado, sin ganas de comer ni de dormir, andando de la ceca á la meca, perdiendo el tiempo en diligencias judiciales Y luego, ¿para quéV Para que un abogado me califique de criminal y otro de tonto, y para que una nueva sentencia me ¡Muchas gracias! ¡En mi vida volveré á recurrir á, los deje en la misma situación en que ahora estoy tribunales! He cumplido 4 ü palabrea, y, aconsejo á ustedes que me imiten si qé- ieren conservar su tranquilidad, su calma y su dinero. PlEREB V E E O N (CBCJOS D I M E C A C H I S)