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798 ¡Diablo! me dijo éste conlúguóro entonación. La cansa de usto j es de las q ne no pueden sostenerse con esperanzas de éxito. Sobre casos idénticos ó parecidos al de que se trata, lian escrito cuarenta y tres letrados eminentes otros tantos comentarios, que leeré á usted si no tiene mucha prisa. Recuerdo también, á propósito de lo mismo, algunos textos antiguos y modernos: De ¡jure locativo Glossaríum ju 7 i domestlcide Memoria sobre ía propiedad de liienes himuehles -De modo, interrumpí, que usted cree que mis pretensiones son- -Insostenibles, amigo mió, insostenibles. El mismo Código de Justiniano dice que No le dejé terminar; pagué el importe de la consulta, dos duros, y marché en busca de un nuevo abogado, que se expresó en estos términos: ¿Y eso le preocupa á usted? Puede usted tranquilizarse, porque está de su parte la razón. ¡Ah! ¡Estos propietariosf Eeouerdo una anécdota de Voltaire- -La conozco, exclamé. -También conocerá usted, seguramente, una ingeniosa salida de Pirón. ¿Ha leído usted, por casualidad, la canción de Desaugier contra los caseros? -Si, señor, si. Conque decía usted que el asunto- -Ganado por usted irremisiblemente. Puede usted esperar tranquilo el desenlace, que yo activaré todo lo posible. La razón siempre es la razón. Recuerdo una comedia inspiradísima que se apoya en esa tesis -Con permiso de usted, voy á retirarme, porque un importante negocio reclama mi presencia en otro sitio. Quedamos en que usted defenderá mis derechos. ¡Oh! Sí, señor, con mucho gusto. Nos despedimos y salí. Estaba metido en las redes de un pleito, y esta idea me preocupaba bastante. Me sentía inquieto, desasosegado, cada vez que la curia me enviaba una papeleta de citación, lo Ual ocurría muy frecnentemente. En idas y venidas perdía nn tiempo precioso que necesitaba para mis ocupacioiuBS Llegó un día en que comenzó á pensar en el desgraciado asunto por tarde, noche y mañana. Todos mis esfuerzos para olvidarlo eran inútiles. Tuve sueños horribles: en uno de ellos me vi sentenciado á muerte, j desperté en el momento en que se verificaba la ejecución. Al fin se celebró la vista del pleito. Mi corazón latía con inusitada violencia cuando entré en la sala. El