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MI PLEITO iLvio Pellico escribió Mis prisiones, y no hay razón para que yo no escriba, Mi pleito. Solamente que, gracias al cielo, éste ha durado mucho menos tiempo que la cautividad del célebre proscrito, pues Silvio necesitó para su relato dos volúmenes, y yo con unas cuantas cuartillas tengo suficiente. Vivía yo en la calle de (permítanme ustedes que sea un poco reservado, porque no quiero exponerme á que me procesen de nuevo) Mi cuarto tenia una hermosa terraza, que fué el origen de todos mis males. Cierta mañana observé con sorpresa y no poco disgusto que el agua arrojada por las nubes la noche anterior habíase fi- ltrado por el pavimento de la terraza y formado un depósito en la habitación principal de mi vivienda. Esta inundación era sumamente perjudicial para mis modestos muebles, y acto seguido fui á visitar al propietario de la finca, que habitaba en el piso segundo. -Caballero, estoy inundado- ¿De alegría? -No, señor, de agua. Anoche llovió- -Permítame usted; entre las condiciones del contrato no hay ninguna que me obligue á impedir la lluvia. -Claro que no, tratándose de la parte exterior del edificio Pero es el caso que el agua ha penetrado en mis habitaciones. ¡Cómo! ¿Qué es lo que usted dice? exclamó el casero dando un salto. ¿Ha dejado usted que entre el agua en casa? Y sin aguardar mi respuesta, subió en dos brincos á mi cuarto, y gritó, al ver el charco que había en la sala: ¡Caracoles! ¡Esto es intolerable! -En efecto, añadí. Espero que mandará usted hacer las reparaciones que sean necesarias para que el hecho no se repita. ¿Reparaciones? Sí, señor, se harán; pero las pagará usted, así como la renovación del empapelado. ¿To? Usted se guasea. -Usted es el que pretende burlarse de mí al suponer que voy á pagar los desperfectos. Mire usted ese papel mire usted esos zóoaloSt- -Mire usted mis butacas; mire usted mi alfombra. -Tengo derecho á exigir á usted una indemnización. -Y yo á pedirle el importe de los daños y perjuicios. -Jueces hay para dirimir las cuestiones... ¡Pleitearemos, señor inquilino! ¡Pleitearemos, señor casero! A mi no me asustan los jueces ni usted. Era inútil hablar más. Cogí mi sombrero y mi bastón y me faí á casa de un abogado de quien había oído hacer grandes elogios. En pocas palabras le enteré del asunto. ¡Taya, vaya! me dijo con tono indiferente; causa compleja, cuyos múltiples aspectos ofrecen á la discusión problemas espinosos. El artículo 22 podría ser aplicable á la defensa de su derecho pero nos encontramos con el artículo 163, en relación con el 411. Bien es verdad que el capítulo de los arriendos, párrafo YIII, y el titulo de las obligaciones locativas, párrafo IX ¡Vaya, vaya! En fin, caballero: mi informe, que redactaré si usted así lo desea, contendrá todos los antecedentes precisos para evidenciar que puede usted salir triunfante en el pleito salvo el caso de que los incidentes que sobrevinieran durante su curso fueran resueltos en favor de la parte contraria Porque la verdad es que la cuestión se presta á distintas interpretaciones. T nada más tengo que decirle. Esta luminosa opinión me costó veinte pesetas; y como no quedé satisfecho, ni aun enterado, inmediatamente me dirigí á casa de otro jurisconsulto.