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789 Mariano de Larra, e n sus respectivos papeles de la viuda de Pega, J u a n a D. Paco y Bernardo, h a n puesto á contribución todo su talento artístico, que es mucho. ¡Pues si usted supiera que por u n a casualidad he estrenado Chifladuras! ¿Cómo? -No solamente Chifladuras, sino todas mis comedias. Verá usted: cuando yo estudiaba el primer año de Medicina, llegó á Madrid el eminente doctor francés Lecanie; su primera visita fué para nosotros. T a n impresionado quedé, que su nombre z u m b a b a constantemente en mis oidos, inspirándome unas mat ¡nífieafi quintillas (los primeros versos que y o hacía) que firmé con el seudónimo de JJn alumno. Las quintillas gustaron extraordinariamente; ¡eran unas quintillas m u y patrioteras! El doctor Lecanie tuvo gran empeño en conocer al autor, y al enterarse de que era yo. ESCENA X I I CAKOUNA, JUANA (Srta. Laskeras) DON PACO, BERNARDO (íir. Larra) CAROLINA. ¿Se h a hecho usted daño? DON PACO. -No, no ha sido nada. me anunció su visita. Yo vivía entonces en la calle de l a s Tres Cruces en u n a casa de huéspedes donde pagaba diez reales de pupilaje, con vistas á todas partes. E l día de la visita del doctor preparé mi cuarto con todo el aparato que su interesante argumento requería. R e u n í todos los huesos que encontré, libros, papeles, u n reloj de arena, u n a calavera; parecía que la sabiduría se hospedaba en mi cuarto por diez reales también. El doctor me cobró t a l cariño, que á todo trance quiso llevarme á P a r í s y hacer de mí su discípulo predilecto. Consulté á mi familia. Pasó algún tiempo; y o vacilaba, el doctor tenía que volver; total, que me quedé en Madrid. Y a ve ust d: si yo hubiera seguido los consejos del doctor, á estas horas estaría en P a r í s quizá complicado en lo del suero antidiftérico, y n i hubiera estrenado Chifladuras, n i mucho menos mi primera obra Basta de matemáticas, en cuya lectura se quedó Lujan t a n profundamente dormido en la segunda escena, que yo, con la timidez propia de u n principiante, n o me atreví á despertarlo para proseguir leyendo la comedia, y pacientemente esperé como u n j u s t o á que volviese en si. -Y tiene usted en cartera- -Una comedia en tres actos, u n a zarzuela en tres con Eamos, y u n a pieza para L a r a y otra que podría hacerse con lo que me ocurrió cuando vine á Madrid. -Cuente usted. -Como todo estudiante cuando llega á la corte, lo primero que hice fué comprarme u n traje de levita y u n sombrero de copa. F u i á la Zarzuela hecho u n brazo de mar, dejé el sombrero en la b u t a c a próxima, y de pie paseaba distraída l a mirada por los palcos, cuando ¡oh dolor! u n a señora lanzó u n grito; se había sentado sobre m i sombrero, apabullando con él mis ilusiones. ¡Calcule usted mi indignación! Tuvimos u n fuerte altercado; y o cogí aquel acordeón y me marché á otra fila de b u t a c a s A l día siguiente fui á hacer u n a visita que m i familia me había encargado. Me a n u n c i a r o n y salió u n a señora, que al verme lanzó u n grito espantoso. ¡Era la misma que la noche anterior me había aplastado el sombrero! Echó á correr por los pasillos, creyendo sin duda que y o iba á pedirla u n a satisfacción ó u n sombrero. Se deshizo el error, y desde entonces fuimos excelentes amigos. ¡Ya ve usted, u n asunto! Vital Aza no es sólo u n excelente autor y u n amigo cariñoso, sino u n entusiasta de su país. E n su despacho, y en el sitio de honor, hay u n a panoplia originalísima, formada por el clásico paraguas del aldeano asturiano, l a dulce y melancólica gaita y los zuecos de la mujer del mercado. Como si estos títulos fueran pocos, tiene otro que le hace merecedor á m i consideración y respeto; ¡En su vidaúa descifrado uva charada! Reciba Vital l a más cordial enhorabuena por su último triunfo, que el público consolida todas las noches, muy especialmente en las escenas que por medio de la fotografía reproducimos, y que son de las más cómicas que tiene l a obra. LDIS G A B A L D Ó N