Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
E n vano surgieron dos ó tres incidentes desagradables entre el comercio y la j u v e n t u d paseante; en vano ocurrieron varios i n t e n t o s de atropello por los carruajes que á esa hora t r a n s i t a n por la Carrera; en vano algún g a a s ó n desparramó asafétida por las aceras. La Carrera de San J e r ó n i m o sigue favorecida todas las noches por el mismo selecto concurso. ¿Qué razón hay? L a moda en primer lugar, y luego el ser moda qae no cuesta dinero. (En esto último no hay que insistir, después de la elocuente manifestación del comercio. Poro hay más: la j u v e n t u d que allí concurre no necesita mostrar sus títulos p a r a dar á entender que son todos chicos do carrera Y además, ¿pueden ignorar esos j ó venes que aquel es el camino recto y seguro para ir al Congreso? Pues do esto á conseguir un acta, no hay más quo unos pasos do biion camino. J n n t o á las Caatro Calles es imposible abordar la acora. Tal es la concurrencia quo á pie quieto mira el desfilar de las gentes á la hora del crepúsculo. Así es que la otra t a r d e me preguntaron- ¿Qué te- parece la Carrera do San Jerónimo? Y yo tuvo que contestar modestamente: -Una carrera superior á mis aptitudes; no he podido pasar del primer grupo. Eesignese el comercio de la Carrera, ni más ni menos afortunado que el restante comercio de Madrid y do toda España. Todo ello estriba en u n fenómeno singular quo há tiempo vengo observando en bolsillo propio y en cabeza ajena. En Madrid hay una peseta nada más. Lo que hay os quo tanto y t a n de prisa circula, que nos parece, no u n a peseta sola, sino todo un circulo enorme de pesetas. No hay nada como la óptica aplicada á la crematística de las naciones. Comenzó el último mes del año. Las hojas cayeron hace tiempo de los árboles, y la esperanza, en t o d a su v a r i a arborescencia, brotando con la fuerza que acostumb r a todos los años por esta época; es el único verde que vemos por ahí. -Digo el único, porque el tapeto verde, que era en Madrid árbol de perenne hoja, cayó este verano á impulsos del hacha con borlas que e m p u ñ a r a el aristocrático gobernador de la provincia, y es fama que no volverá á levantarse jamás. Sueña el empleado con la paga adelantada de Navidad; sueñan los chicos del I n s t i t u t o con el punto, que pondrá p u n t o efectivamente á las cavilaciones, ansias y dudas que l e v a n t a r o n en su. cabeza las malhadadas reformas de la enseñanza; sueña el gastrónomo con los pavos y turrones; el niño (y aun el viejo) con los belenes; la gente de escalera abajo con los aguinaldos; todos, chicos y grandes, con el gordo de Naviiiad. El afortunado en este año cree pnra siempre consolidada su buena estrella; el mísero piensa que al mudar del año se volverán las tornas; el ordenado hace fructífero balance; el desordenado se propone cambiar de conducta, con arreglo al viejo refrán castellano: Año n u e v o vida nueva. Si el infierno está empedrado de buenas intenciones, la tierra, por esta época, está entarugada de lo niismo. Saldrá del bombo la bola afortunada en el sorteo del 2 B, y hallará, como siempre, i n g r a t o s donde pensó encontrar agradecidos. ¡Suerte como la mía! diremos muchos; ni u n reintegro! Los del reintegro exclamarán: -Esto es u n a b u r l a ¡no nos queda n i el derecho del pataleo! Los de la aproximación: 0 h suerte infame! ¡por u n número n a d a más! Y los del gordo: -Soy el hombre de peor pata; ¿por qué no h a b r é j u g a do todo el billete? (DiHUJOS mí C I L L A) LUIS ROYO VILLANOVA