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Á OCHO DÍAS VISTA El frío en la calle. -Bl Irio en las Cortes. -El Irio f n provincias. -Los crepúsculos de la Carrera. Boca abajo los martes de las de Sómez -Protestas del comercio. -A ver y no comprar nada. -Modas que no cuestan dinero. Chicos de carrera -El camino del Congreso. -La causa de todo. -Óptica y crematística. -El mes de Etciembre. -Verde esperanza. Sueños de circunstancias. -Entarugado de buenas Intenciones. -Bl sorteo del 2 S. -Mundo de Ingrato. s. Y ¿adonde llevaré yo al lector con este frío? No será de seguro á las Cortes, porque las cuestiones antillanas allá se van de t e m p e r a t u r a con el a i r e exterior, y la discusión arancelaria, según noticias, acaljará de cuajar y soldar unos con otros los témpanos que empiezan á formarse en torno de la presente legislatura. P o r ahí afuera n a d a ocurre tampoco de particular: los pietarios las puertas de los escaparates? ¿qué Circe encantadora han contratado para detrás de los mostradores? Estas exclamaciones y otras parecidas ponía yo en boca de los comerciantes extraños á la Carrera de San J e r ó n i mo, mientras que en los comercios de esta vía pensé que todo era júbilo, animación, ventas á porrillo y balances mensuales de primera fuerza. iaponeses m a r c h a n hacia Pekín, y es posible que se pasen, á j u z g a r por la velocidad que llevan; la princesa de Hesse (ese es n a d a menos que el soberano de Rusia) comp a r t e con Nicolás I I el trono de los czares; nuestras provincias están t r a n q u i l a s y entregadas á la esperanza, ó lo que es igual, al inocente placer de dar y t o m a r parte para el sorteo de la lotería de Navidad. La vida madrileña está, como el tío Segura, completamente recogida en la calle. En u n a calle nada más, entendámonos bien; por eso digo que está recogida. La Carrera de San J e r ó n i m o es el centro de la elegancia crepuscular madrileña. ¡Boca abajo los martes de las de Gómez donde se hallan los todos los días de las de San Jerónimo Seguro estoy de que todo el comercio de Madrid envidiaba al comercio de la Carrera al iniciarse este movimiento de la moda paseante hacia la clásica vía madrileña, que por privilegio especial goza de los tarugos en su p a v i m e n t o ¿Qué mascot protege á las tiendas de la Carrera? ¿con qué a t r a y e n t e imán han untado sus pro- En efecto; h o y que el anuncio, el reclamo, el crédito, la b a r a t u r a y la constancia apenas si logran con trabaj o a t r a e r al comprador hacia los puntos de venta, no es floja ventaja tener á mano, por moda de birlibirloque, todo el Madrid que bulle, pasea, gasta y triunfa. ¡Cuál no seria, pues, mi asombro al leer que el comercio de la Carrera de San J e r ó n i m o protestaba de la invasión que sufren aquellas aceras de cinco á ocho de la noche! Si ellos protestaban, el pacifico v i a n d a n t e y el comercio de las calles a p a r t a d a s seria, no y a protestante, sino j u d í o ó moro. ISÍo seas infeliz, me dijeron explicándome la noticia; es que la gente va allí como v a n algunos á la feria: á ver y no comprar nada -Algún bolsillo h a b r á dispuesto- -Ninguno; como el gitano del chascarrillo, van al sermón, pero dicen que no son de la parroquia. -Sin embargo, en u n a acera llena de gente- -Desengáñate; aquí no h a y más acera que la que arde.