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780 lando al vencedor y obligándole á evacuar la Italia. La infantería española eclipsa la fama tradicional del mercenario suizo; abandonada por los alemanes, que cejan, triunfa en la Mota, concluyendo así con la influencia peninsular de la terrible Venecia; obtiene en Pavía inconcebible victoria, y asalta á Roma, y conserva el Milanés, y pelea en Túnez, Francia y Alemania á las órdenes de Carlos V vence en San Quintín y lucha en los Países Bajos, realizando pasmosos hechos militares en los sitios de Harlem, Mons, Middelburgo, Ramekias y Grertruidetnber, y en las batallas de Gremmiagen, Mook, Gembloux y cien más. La infantería española fué á Lepante con D. Juan de Austria; á Méjico con Hernán Cortés; al Perú con Pizarro; á la conquista de Portugal con Alba y Sancho Dávila; á la reconquista de Flandes y al socorro de París, sitiado por Enrique IV, con Farnesio; pasó el Rhin con Mondragón, y castigó con Verdugo en el Luxemburgo las correrías de Gruillermo de Nassau; se apoderó de Cambray y ganó la batalla de Donlens con el conde de Fuentes, y entró en Amiens con Tello, y se sacrificó heroicamente A L C A Z A E DE TOLEDO. -ACÁ D E M I A M I L I T A R DE I Í Í P A J S Í T E B Í A (Fotografía Sucesor de Laurent. en íTewport, metida en arena hasta las rodillas, y derrotó en Xordlingen á los suecos, guiados por los mejores discípulos de Grustavo Adolfo, mereciendo que Alemania entera la aclamara por libertadora. Allá en Rocroy, nuestra sólida infantería pagó ajenas culpas, ilustrándolas con conducta inimitable, sellando allí con sangre su antigua reputación aquellos tercios inmortales, batidos en brecha como una muralla, inmóviles cual columna de granito y demostrando, contra lo que equivocadamente se ha pretendido luego, que el hecho táctico, indiscutiblemente adverso, no podía señalar la hora de muerte para la vieja infantería española, que vive y vivirá eternamente mientras no se la prive en la paz de los elementos necesarios para responder á su misión en la gaerra y se la lleve con acierto al combate cuando llega la hora del peligro. La invicta infantería española, abandonada en Lens, permaneció firme, primero formando un cuadro, luego un sólido, y por último un montón de cadáveres y heridos destrozados por la metralla, que se cebó en aquellas reliquias; en Valenciennes demostró de nuevo sus grandes cualidades, á pesar de la inferioridad numérica; en el atolondramiento de Danquerque, apostada en una duna, resistió con su proverbial denuedo, rechazando las furiosas cargas de la caballería inglesa; y en la sangrienta hecatombe de Fleurus fué el único cuerpo de tropas que brilló á las órdenes de Waldek por su solidez y tenacidad.