Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
768 U n a vez encendidas las velas, dijo m u y e s c a m a d o u n conservador: -Esto es u n a añagaza de Sagasta. -Explícate. -En estas circunstancias, es decir, sin más alnmljrado que l a s velas, ¿cómo oom batir á los qne están en el oandelero? -Eso ¿y qué es eso, tío guasón? -Casi nada: el cuadro de Rosales, el m a p a de los viajes de Colón, todo lo más i u t e r e s a n t e q u e figuró en la Exposición histórica. -Pues hijo, vuélvase con ello, ó déjelo por ahí, ó ponga anuncio de u n a almoneda; todo menos ir con los bártulos á la corte, porque estos días precisamente son días de estero, y lo que sobran allí son trastos. El Gobierno se enteró de todo lo ocurrido cuando y a los marinos extranjeros estaban en camino p a r a la corte. ¡Todo sea por Dios! exclamab a n ¡Ta se han enterado en Madrid! ¡no será floja la función de desagravios que nos preparen! Y, en efecto, para recibir los restos de Colón salió á la estación del Mediodía la más n u e v a la m á s flamante, la más lujosa de nuestras c a r r e t i l l a s d e b a r r e n d e r o Los de consumos salieron pincho en mano á cumplir su obligación penosa. ¿Qué traéis ahí? -Los restos de Colón. -Pues aguardad u n poco, que voy á m i r a r la tarifa. Y como la tarifa de consumos ¡oh imprevisión! no dice c u á n t o deben p a g a r las reliquias de los hombres célebres, por poco si se quedan los restos de Colón sin poder e n t r a r n i siquiera en las Américas cerca del E a s t r o lugar adonde, según parece, las dest i n a b a n nuestros g o b e r n a n t e s L. E O Y O V I L L A N O V A Si 1 F TM s? S (DIBUJOS DE CILLA. -De América ha venido u n barco cargado de Esta frase, dirigida al Grobierno, venia telegrafiándose desde Cádiz varias veces al día. P e r o el Gobierno ha olvidado el juego de apurar letras entretenido con el de apurar conservadores ¿Qué será? ¿qué no será? preg u n t a b a n los gaditanos viendo el buque de guerra neoyorkino anclado en sus aguas. Y al fin se supo que lo recién llegado eran los restos de Colón. ¡Valiente cosa! dijimos entonces. ¡Tanto aparato para t r a e r las colillas del Centenario! Los m a r i n o s n o r t e a m e r i c a n o s no salían de su apoteosis. E n Chicago, en el buque, en todo el tiempo que las reliquias de Colón pasaron fuera de España, t u v i e r o n guardia de honor, cuidados y homenajes por todas partes. Orgullosos de su misión, t r a í a n todos esos valiosos recuerdos históricos á la nación propietaria, y he aquí que ésta se cruzaba de brazos, se encogía de hombros y arqueaba los labios con indiferencia. -Pero esto, ¿no es de ustedes? decía el capitán del barco, asombrado de t a m a ñ a incuria.