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La razón cíe mi duda. -La Inz salteada. ííclipses totales. -Jíoy las ciencias adelantan etc. al antiguo régimen. -Despabilando el candil. Cirios á Santa Bárbara. -La obscuridad en el Real. En Ja contaduría. -El crepúsculo madrileño. Indemni aciíi i por velas y perjuicios. -En las cervecrías. -En el Congreso. -La electricidad y las bujías. -TJOS que están en el candelero. í) a- nierloa ha veaido un barco- Apurar ieCras y apurar conservadores -Las colillas del Centenario. El asomb; o de los marinos. Su viaje á Madrid. -Recepción dignísima de los restos de Coión. -En Jos consumos. Formiílo mi t i t u l o con interrogación porque seria mucha soberbia h a b l a r de vista sin atenuaciones ni distingos, ahora que Madrid se queda á obscuras u n a noche si y o t r a también. La luz eléctrica nos la sirven salteada, como los ríñones. A veces luce espléndida como el sol meridiano, á veces ¡ny comienzan los eclipses, y tenemos uno t o t a l de focos y lámparas de incandescencia. Todo se vuelven comentarios, explicaciones, preguntas y respuestas, pero n a d a se saca en limpio; es decir, la luz no sale por n i n g u n a p a r t e líosotros, que h a b í a m o s renegado de las bujías, del gas canalizado y de los quinqués; nosotros, que á la vista do u n arco voltaico habíamos exclamado como el boticario de La Verbena: Soy las ciencias adelantan que es un barbaridad; nosotros, que llevábamos focos eléctricos hasta en los alfileres de corbata, de la noche á la m a ñ a n a tenemos que volver al a n t i g u o r é g i m e n j sustituir los modernísimos reóforos por los viejos cabos de Palacio Viva la gallina y viva con su pepita exclaman los desengañados despabilando con los dedos la infecta mec h a del candil. Y h a y quien le enciende á Santa B á r b a r a u n cirio ó dos, en previsión, no de u n a descarga eléctrica de l a s nubes, sino de u n a huelga eléctrica de cualquiera de las Compañías encargadas de este servicio fúnebre. En el R e a l se ha suspendido la función varias noches; en otros teatros h a n surgido expresivos alborotos ante la i n t e r m i t e n c i a del fluido; mas la obscuridad no h a llegado á ser absoluta, gracias á la previsión de los espectadores, que e n t r a b a n con el propósito de a l u m b r a r s e m u t u a m e n te con los bastones en caso de necesidad. A la contaduría del B e a l llegó la otra m a ñ a n a u n caballero. ¿Quiere usted decirme, preguntó, qué t u m o tiene la luz eléctrica? ¿Cómo? -Que me diga usted qué noches l e t. ca venir al teatro, porque si soy del otro t u r n o vendré con u n a l i n t e r n a sorda. El crepúsculo vespertino es en Madrid la hora de las dudas y de las vacilaciones. ¿Si vendrá? ¿Si no vendrá? ¿Quién? -El fluido. ¡Ah! ¿pero ustedes gastan luz eléctrica? En casa tenemos a r a ñ a s hace dos meses. -También aquí las había, pero tuvimos que quitarlas p o r q u e se asustaban las correderas. Al ocurrir cualquiera de esos frecuentes eclipses, los abonados se echan al teléfono para indagar la causa de t a m a ñ a irregularidad y pedir indemnización por velas y periuicios. Mas ¡oh dolor! el teléfono t a m p o c o chufla, como decía el b a t u r r o Y e s q u e c u a n i o la electricidad se burla, se burla lo mismo en el teléfono que en el roóforo, y en el telégrafo como en los demás esdrújulos á la moderna. En las cervecerías se h a tomado café e n t r e dos luces; quiero decir, con un candelero á cada lado de la mesa. Cuando el mozo se llevaba el servicio y quedaba la bandeja en el velador, muchos p a r r o q u i a n o s echaban dinero creyendo que se pedía para los pobres. -Pero usted que es telegrafista, decía u n comerciante, ¿podrá explicarme en qué consisten estas obscuridades? -Será que algún cable toca tierra. ¡Feliz él! Los abonados tocamos el cielo con las manos. En el Congreso h u b o t a m b i é n su miaja de eclipse. A lo mejor del debate político, las lamparillas empezar o n á decir que nones. Surgió la confusión primero y los candelabros después. -lío apurarse, dijeron desde u n a tribuna; siga el debate, que de l a discusión sale la luz. P e r o no debe haber m u c h a confianza en el refrán, cuando se encendieron velas en todos los ámbitos del establecimiento, como dijo u n diputado de las Constituyentes,