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766 brazo él banderin rojo, y desplegándole, poniéndole por encima de la cabeza, corrió como loca, vía adelante, al enCTientro de la locomotora. ¡Alto! ¡Alto! ¡Socorro! iba gritando la rapaza con toda la fuerza de sus pulmones. El tren hizo alto. Agolpáronse á las ventanillas los rostros de los viajeros; dirigían miradas de asombro y recelo hacia la máquina; todos i n t e n t a b a n averiguar la causa de aquella repentina detención; los más miedosos arrojáronse a l a vía; la confusión era grande. El maquinista, con el cuerpo casi fuera del ténder, preguntó ansiosamente á la nena; ¿Qué pasa, muchacha? ¿á. á í Y X n a n i n a sudorosa, j a d e a n t e parada á u n metro de la locomotora, contestó con acento de inefable alegría, dejando caer el banderín rojo á lo largo de su cuerpecito, mientras que con la otra mano libre señalaba á la Soixá, qne t r e p a b a altozano arriba: ¡Ya h a pasado! ¡Ya ha pasado! ALB. JASDRO (BiBOJcá DE iiÜERÍAg) LARRÜBIEEA