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756 El caso es llevar siempre la contraria, tener ideas propias y no confundirse con el vulgo de los mortales. El oficio de oposito? perpetuo tiene sus quiebras. Demue strase primeramente en tal oficio la ausencia completa de buen sentido, la falta de tolerancia (que revela desde luego falta de educación) se está expuesto á oir cuatro frescas á cada momento y, lo que es más grave, á recibir alguna que otra corrección material en forma de bofetada, puntapié, garrotazo, etc. etc. Porque más de una vez tropieza el disctitidor con personas para él desconocidas, peráonas que no están en el secreto y que no tienen, por lo tanto, el deber moral de sufrirle. Porque é! no se para en barras. Están conversando tranquilamente dos amigos á la mesa de un cafe y en lo uiás interesante ó ameno de la conversación se acerca un desconocido (el discutidor sempiterno) y encarándose con uno de los dos exclama: -Permítame usted, pero está usted completamente equivocado. Sostiene usted que no hay peros como los de Ronda, y yo afirmo y declaro que los mejores peros, los que no tienen íro propiamente d cbo, son los de Granada. Excusado es decir que si se habla de peras... ó de los presupuestos del Estado ó de cualquier otra cosa, la interrupción se verifica por el mismo procedimiento. Unas veces surge el altercado, y otras se acaba brevemente la cuestión diciendo al imprudente: ¿A usted quién le da vela en este entierro? ÍTo acostumbro hablar, y menos discutir, con personas que no conozco. Otros le envían á paseo, y es entonces cuando suelen brotar los grandes cuestiones y los argumentos de fuerza. Pero no se puede remediar: se tiene el espíritu de contradicción, como se tiene el pelo negro, rubio ó castaño; la educación podrá modificar el defecto, jamás extinguirlo. El que ha nacido con esa levadura de la contradicción y luego sigue la carrera de abogado ó se hace elegir diputado á Cortes ó concejal del Ayuntamiento ó ingresa en el Ateneo de Madrid en clase de orador de batalla ya puede decirse que tiene marcado su rumbo en la sociedad y que hará su camino. Los pobres de espíritu suelen confundir el talento con la osadía, y la osadía es el signo característico del discutidor sempiterno. Tomado en serio, puede llegar á subsecretario. Tomado como es, no pasa de latero insoportable. FRANCISCO F L O E E S (DIBUJOS DB H U K B T A S) GARCÍA