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DESPUÉS DE LA ROSA Ya viene, niña, la primavera; ya el sol es oro; la luz, más bella; el aire os puro; y en nuestra tierra enbalsama la brisa el perfume de las violetas. Pronto, muy pronto, niña hechicera, contigo á solas, libre de penas, entre esas flores que el Betis riega, serás tú, de gentil, mariposa, la carcelera. Los ruiseñores de nuestras huertas, los arroyuelos de nuestra sierra, los azahares que ya blanquean, para darte guirnaldas y aromas Dios los despierta. ¡Cuánto te quiero, sol de mi tierra, niña del alma, blanca azucena, bien de mi vida, flor cordobesa! Huerfanita de aquellas montañas, Dime, amor mío, lo que tú piensas; dime si lloras, dime si sueñas, ¡dime si el aire blando te lleva los dolientes suspiros del alma de tu poeta! Del Manzanares la triste vega no tiene flores como las nuestras; ¡pero mi alma, niña hechicera, todas todas las flores que guarda te las conserva! ¡Betis querido! Tú, que reflejas de mis amores las flores bellas, dile á mi niña cuando la veas, que sin ella y tan lejos ¡muero por ella! tan lejos. ¡Cuánto te quiero, sol de mi tierra, niña del alma, blanca azucena, bien de mi vida, flor cordobesa! Huerfanita de aquellas montañas, ¡bendita seas! ANTONIO F G E I L O