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¡AdmiralDle! ¡No sean ustedes guasones! Almorzaremos en l a plazoleta que saben, bajo los árboles: no podrá p r o b a r la manzanilla el que no pre- sente, á lo menos, bellotas. -Doscientas t r a i g o y o en cinco minutos. ¡Ya vendrá el tío Paco con l a rebaja! -Pues antucas y bastones en ristre, y ¡al asalto! ¡A las encinas! ¡A ellas, á ellas! -Y el que no r e ú n a las cincuenta, n o bebe. -No prueba la sanluqueñs, y paga, en castigo, u n a convidada de café p a r a todos. ¿Se ha enterado el respetable concurso? ¡Menos charla, y al avío! q u e m e estaba temiendo! Y es u n amigo intimo de mi padre; no me puedo excusar. ¡Nada, que se descubre el pastel! ¡Qué barbaridad! H a y aquí bellotas para u n batallón. En tre toda la tertulia nos h e m o s traído el P a r d o entero. Con segurida. d que han quedado peladas las encinas de dos ó tres cuarteles. ¡Yo no he visto manera igual de sacudir las ramas! ¡Gracias á que n i n g ú n guarda se enteró de tales bríos! P e r o lo célebre es que he arm. ado semejante j i r a p a r a h a b l a r á mis anchas con Luisa y declararme, y n o me h a n dejado u n momento solo con ella. Bien, que la niña tampoco hizo macho por aislarse. ¿A que me da calabazas? Adelante ¡Una esquela de defunción! ¡Al Este! ¡María Santísima! ¡Con el cierzo que hoy sopla, y sin abrigo! ¡Lo Querido D. Praneisco: Acabo de recibir el gabán, que usted ha tenido la bondad de sacarme las garras del prest a m i s t a Lo estoy agradecidísimo. E n cuanto á su m a n d a t o de que le devuelva lo que me resto de su empeño, i j u u t o le envío ese plato de bellotas, que es lo único que me queda de los ocho duros que me dieron por él, y que de seguro h a de causar sus delicias, sin que ello sea calificarle de cerdo, aunque de menos nos hizo Dios. Buen provecho, y hasta otro saco. Su afectísimo agradecido, -Jomas de Tal. (Ú L T I M O S D I B U J O S D E L MALOGRADO G R O S) ALFONSO P É R E Z NIEVA