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NOVELAS RELÁMPAGOS LAS REPRESALIAS ¿Es que quiere usted que rabiemos, para que vayamos á París á que nos curen? ¡Pero, hijas, n i que atravesáramos la canicula! -Igual da, porque parecemos el judio e r r a n t e -Pues yo indicaré á ustedes u n sabroso programa si merezco la bondad de que me escuchen. ¡Atención, atención! ¡Silencio, que habla su excelencia! -Suelte usted o r esa boca, Tomás. ¿También discursos en el Pardo? -Es preciso hacer bien los honores á San Eugenio. ¿Y cuánto dices que te cuesta esa obra, Tomás? -Doscientos reales. -Carilla me parece; pero, en fin, si te es absolutamente necesaria p a r a t u carrera, h a b r á que comprártela. Tu padre no me ha puesto tasa al encargarme de ti por lo que respecta á libros de estudio. ¡He vencido! ¿Que si me es necesaria? ¡Imprescindible! ¡Gomo que sin ella no puedo dar u n paso! Es la ú l t i m a p a l a b r a pronunciada por la ciencia. -Bien, bien. Entonces, t ú me facilitarás u n a n o t i t a con el titulo. ¡Pues me revienta! No; si usted no tiene i n c o n v e n i e n t e pienso adquirirla de lance. Nueva, resulta m u y cara: veinte duros; pero á mí me la vende usada u n compañero por la mitad de su valor. ¡Ta, ta, ta! No me convences. T o he sido cocinero antes que fraile. Eepito: t ú entrégame esa nota, y yo rebuscaré en los puestos de viejo. ¡Pero, D. Francisco! ¡Me ofende usted! De sobra le constan mi mesura y mi formalidad. -No soy yo, es t u padre el que habla por mi boca. Me h a ordenado que te cierre la mano, y le obedezco, sencillamente. -Pero- ¡Nada, nada! Eopa, la que se t e antoje; pero dinero, ¡ni u n céntimo! ¡Corriente! ¡Quede usted con Dios! -Él te guíe. II- ¿Cuánto to h a n dado por él? -Ocho duros. ¡Si está nuevecito! ¡Ahor a que arrecie el frió, y me divierto! ¡Ese tío tiene la culpa! ¡Es una piedra: no h a y quien le ablande! ¿De modo que no se tragó lo de la obra? ¡Qué había de tragarse! ¡Ya me figur a b a yo que no me restaba otro recurso que la casa de empeño! ¡Como que iba yo á quedar mal con mi novia, después de ser el autor de la expedición! ¡G- racias á Dios, no me ahogo en u n cuartillo! III- -Con t a n t o t r o t a r por estas lomas, se muere u n a de sed. Yo sudo como u n pollo. -Tiene razón D o ñ a P u r a -Silencio, niñas, y n o m u r m u r a r que es u n feo vicio. Vamos á distribuirnos por el monte, mamas y todo; aquí no se toleran privilegios. ¿Qué tal? ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Magnífico!