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0 á senda dol amaneramiento y mal gusto de qiie adolece m u c h a p a r t e de mi obra, porque ol ovillejo ó séptima roal es l a m a s forzada y falsa metrificación que conozco; pero afortunadamente para mí, el público, incurriendo después en mi mismo mal gusto y a m a n e r a m i e n t o se ha pagado de esta ofoona y do estos ovillejos como yo cuando los hice á obscuras y de memoria on una hora do insomnio. Escribüos á la m a ñ a n a siguiente para que no se me olvidaran y engarzarlos donde me cupieran; y p r e p a r a n d o el cuaderno que iba á contener mi Don Juan, puse en su primera hoja la acotación de la primera escena, poco más ó menos como había hecho on El puñal del fjodo, sin saber á punto fijo lo que iba á p a s a r ni entre quiénes iba á desarrollarse la exposición. Mi plan, en globo, era conservar la mujer b u r l a d a de Moreto y hacer novicia á la hija del Comendador, á quien mi Don J u a n dobla sacar del convento para que hubiese escalamiento, profanación, sacrilegio y todas las demás p u n t a d a s de semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente, el más vulgar, el más necesario á u n a u t o r novel: el de presentar á mi protagonista, á quien piise enmascarado y escribiendo en u n a hostería y on u n a noche de carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creía peores un colegial que todavía no había visto el mundo más que por un agujero; y para calificar á mi personaje lo más pronto posible, como temiendo que se me escapara, so me ocurrió aquélla, hoy famosa redondilla: ¡Cuál gritan osos malditos! ¡Pero mal rayo me p a r t a si en concluyendo l a c a r t a no pagan caros sus gritos! La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; poro al escribir esta cuarteta, más e r a yo quien la decía que mi personaje D. J u a n porque yo todavía no sabía qué h a c e r con él n i lo que n i á quién escribía; así que comencé á h a c e r h a b l a r á los otros dos personajes que h a b í a colocado en escena sólo porque lógicamente lo requería la situación: el dueño do la hostería y el criado del que on ella había yo metido á escribir. La prueba más palpable de que h a b l a b a yo en SBNOEITA DONA M A E I A G U E E E E K O EN EL PAPEL DK DOÑA INÉ 3 ella y no Don J u a n es que los personajes que en escena esperaban, más á mí que á 61, eran Ciutti, el criado italiano que Justiz, Alio y yo habíamos tenido en el café del Turco de Sevilla, y Girolamo Buttarelli, el hostelero que me había hospedado él año 42 en la callo del Carmen, cuya casa iban á derribar y cuya visita había yo recibido el día anterior. JoBÉ Z O R R I L L A (Eeciierdoíí del tiempo viejo.