Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Á OCHO DÍAS VISTA Sigue a campaña admiaistrativu. -Barrido y fregado de los departamentos ministeriales. Allá Tan delegados. -Kl miedo en provincias. -El delegado de tanda. -Camino de la cárcel. -Los arqueos. -Madrid con honra. La paja en el ojo ajeno. -Madrid y provincias. -Ventajas que nos trae la pro. vimidad de Meco. -La enfermedad del Gobierno. Neurastenia y grafomanía. -La circular de Gobernación. -CongresiUos. -Las bases de Gracia y Justicia. -Tribunales de doble céntimo. La circular de Fomento. -Kcpeso de los libros de te. xto. -Dosimetría cientiñca. Seguimos yendo muy á gusto en el maohito do ia moralidad. L a c a m p a ñ a administrativa con t a n t o éxito empezada por el señor ministro de Hacienda, es seguida por el de Gobernación; y para n o ser menos, todos los consejeros de la Corona i m i t a r á n t a n plausible conducta emprendiendo el barrido y fregado de los respectivos departamentos ministeriales. D i a r i a m e n t e salen de Madrid p a r a provincias u n a docena de delegados con facultades am- plias para prender, aherrojar y pasar á cuchillo si preciso fuera, á los funcionarios prevaricadores y concusionarios. Las oficinas de provincias no son oficinas, sino refugios de inocentes gacelas, temblorosas por el terror pánico y desmayadas por el miedo insuperable. Cuando a l g ú n timbre suena con demasiada fuerza, ó u n portero, al entrar, pisa más recio que de costumbre, caen desplomados sobre las mesas desde el jefe de negociado hasta el último auxiliar. -No so asusten ustedes, dice una voz: soy yo, que vengo á llenar los tinteros. ¡Ah! dispense usted; creímos que era el delegado de t a n d a Éste suele presentarse grave, austero, silencioso, como quien tiene la conciencia do que va á cumplir u n deber tristísimo y penoso. -A ver, grita el Catón administrativo, ¿dónde está el cepillo? ¿El cepillo? Querrá V. S. decir la caja. -Ño adelantemos los acontecimientos; pido un cepillo p a r a la ropa porque acabo de bajar del tren. Los ordenanzas, azorados, traen en seguida el cepillo en u n a band a y con dos azucarillos, por si el señor delegado no quiere tomarlo solo. Acto seguido empieza la función fiscalizadora: se destripan los expedientes, se abren las taquillas, se confront a n los libros matrices, y poco á poco va saliendo el viejo personal atado codo con codo y camiuo de la cárcel. ¡Esto es una grillera! clama el delegado examinando sobre u n facistol el libro- registro. -Una grillera, ¡atiza! m u r m u r a u n empleado escondido en el cesto de los papeles; por lo visto, el señor inspector se ha traído hasta grillos inclusive. Cunde el pánico, se erizan los limpiaplumas, lloran las salvadoras lágrimas de hierro, las tapas de los tinteros c a s t a ñ e t e a n de t e r r o r cuando el recién venido dice á los circunstantes: ¡Al arqueo, señores! Vamos á la caja. -ftPeio quiere usted más arqueo? se atreve ¿r e s p o n d e r uno de los presentes. Y, en efecto, todo el personal de la oficina había arqueado sus cinturas hasta dar con la frente en el polvo. Amargo pero edificante espectáculo éste do ver salir á los caballeros liados con balduque, porque no hay cadenas ni cordeles para dar abasto á t a n t a prisión. Este movimiento centrifugo de la campaña moralizadora no puede ser más honroso p a r a Madrid. Cuando los delegados salen á provincias, señal bien clara es de que en Madrid n a d a hay que inspeccionar, de que la Administración Central es modelo de administraciones, de que aquí todos somos buenos y honrados, aunque deje de parecer, n o y a la capa, pero n i la papeleta de pignoración. Cuando vemos la paja en el ojo ajeno, señal es de que no tenemos vigas en el propio. Y así es, en efecto. ¿Qué resultado dieron aquí cuantías campañas de moralidad se emprendieron en centros del Estado, de la provincia y del Municipio? Ninguno; prueba palpable de lo calumnioso de ciertas especies.