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85 maestría dol gran calila cordobés; y si so t r a t a b a de pintnra, Murillo, Eafael, Tieiano, Eivora y todos los pintores habidos y por haber, apenas si valían un comino comparados con D. Diego, como siempre llamaba al inmortal Velázquez. Critico de b u e n a fe p a r a las obras ajenas, q uo estudiaba y analizaba hasta en sus detalles más nimios y menudos, sin que j a m á s encauzara su juicio por el camino de la envidia, que todo lo emponzoña, y defensor entusiasta de su propio trabajó, que ponderaba con u n a llaneza y una buena fe verdaderamente infantil que demostraba la nobleza de su alma y la firmeza de sus ideas, Araujo pasó por esta vida sin orear u n solo enemigo. Talento de primer orden y perfectamente equilibrado, j a m á s fué partidario del arte que seduce, sino del que con- V. iv i: IARCIIA vence, y por ésto, cuando le sorprendió la muerte en brazos de Pradilla y Megia, empezaba á delinearse su personalidad artística con trazo firme y seguro. Como su arte era hijo de la observación y del estudio, subió despacio por la áspera pendiente de la gloria, y apenas hubo alcanzado ésta, nos abandonó p a r a SiOmpre. Dios, dispensador do las eternas justicias, h a b r á acogido en su seno el alma dol esclarecido artista y del buen A. COMAS Y B L A N C O