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684 al por mayor, no sólo por su impecable dibujo, sino por su composición magistral y su expresión asombrosa. Araujo ha sido u n pintor poco fecundo. Cada cuadro suyo, recogido de la propia realidad por la c o n t e m p l a c i ó n directa de la misma, constituía p a r a él la preocupación constante y ú n i c a durante varios meses. Estudios parciales de todos y cada uno de los personajes, discusión larga y tendida con sus íntimos sobre la posición que cada figura debía t e n e r para que representara mejor la idea que encarnaba, Araujo, antes de empezar u n c u a d r o h a b í a y a emborronado u n a resma de papel y manchado muchos metros de tela, y por esto, cuando ya bien seguro do lo que se proponía hacer se sentaba delante del caballete que sostenía el lienzo donde de u n a m a n e r a definitiva había de quedar su pensamiento, sólo faltaba la ejecución material del cuadro. Estas condiciones, que hacían que diera más importancia á la línea que al color, lleváronle á colaborar en varios periódicos y revistas ilustradas, y entre el Graphic, de quien era asiduo colaborador, La Ilustración J spanola y Americana y BLANCO Y NEGRO, hállanse repartidos casi todos AJ L N J E: JXOL C U A D Ü O Í (C NA M A L V C O V J Í Í A sus dibujos, donde campea u n espíritu de observación profundo, cualidad verdaderamente extraordinaria entre los artistas españoles. Dol dibivjo serio y concienzudo al grabado h a y sólo u n paso, y éste le dio Araujo lanzándose al estudio del aguafuerte, donde conquistó los laureles más indiscutidos de su gloria artística. E l grabador al aguafuerte n o copia, traduce en idioma distinto lo que antes que él expresó otro arlista, debiendo ser, por tanto, esta interpretación distinta, según es también diverso el artista á quien se interpreta, í í o puede interpretarse lo mismo á Eafael que á Carracei, á Eubens que á Volázquez. Araujo no ha sido un aguafortista original como lo fueron E e m b r a n d t Goya ó Fortuny; no, Araujo se ha limitado siempre á interpretar á otro artista, eligiendo en esta tarea al gran Velázquez, de quien estaba verdaderamente enamorado, hasta el p u n t o de que en estos últimos años de su vida ha vivido más en el Museo del P r a d o que en propia casa. A u n q u e la originalidad tiene siempre doble mérito que la simple copia, cuando ésta se eleva á la interpretación de u n a personalidad t a n exclusiva y t a n personal como la del divino pintor sevillano, entiendo yo que t a n t o ó más m é r i t o que dejar cor r e r libremente el buril sobre la encerada plancha de cobre, tiene el sujetarse á seguir é i n t e r p r e t a r la linea por oti o trazada de antemano y, además, por procedimientos totalmente distintos. E n el arto descubierto, según los italianos, por Mazzuola, vulgarmente llamado el Parmigianino; según los alemanes por Alberto D u r e r o ó por Wenceslao Olmütz, según reza la fecha de u n a est a m p a satírica existente en el Museo Británico, muy anterior á Mazzuola y á Durero, Araujo llegó á rivalizar con los aguafortistas más famosos de Europa, y eso que apenas llevaba dedicado al esf X- ri: K 0 AUO Di- V K Í O tudio del aguafuerte u n a decena de años. Más bien bajo quo alto, el pelo negro y crespo, et color moreno, los ojos m u y vivos y la frente despejada, Araujo era u n buen artista y u n excelente hombre. Concurrente asiduo al Círculo de Bellas Artos, era un discutidor sempiterno que no dejaba meter baza á nadie. Si se hablaba de toros, al punto estaba Araujo sosteniendo que nadie había llegado ni á i g u a l a r siquiera la suprema