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EL PUEBLO DE MI FIESTA Qaerida fanción: Voy á hablarte de la solemae Tecla de este pueblo, aunque he bebido tantas palabras, que apenas puedo coordinar las copas. Precedidos del día y en cuanto empezó á clarear el alcalde, los músicos de piezas comenzaron á tocar Ulescas escogidas, despertando á los troncos, que dormían como unos vecinos. Sobre todo, tocando las delicias de las mozas, hicieron La Giralda. Una inteligente plaza, colocada en medio del buñolero de la Constitución y rodeada de buñuelos indígenas, hacía chiquillos en una sarte n, y en menos de una masa se le acabó la hora. Como que todos los habitantes de la jicara tomaron con buñuelos su correspondiente población de chocolate. Cuando todas las casas estaban ya emperejilán dose en sus respectivas campanas, un repique de mozas indicó que iba á empezar con gran misa la pompa cantada. Poco después el señor bastón, empuñando un alcalde de caña con borlas y seguido de las banquetas del templo, se sentaba en las deN más autoridades locales. Encendidos los feligreses y ocupados por los cirios todos los huecos del párroco, salió el recinto (que es primo sagrado do doña casulla) con su Nicolasa bordada de oro, asistido por dos gordos bastante sacerdotes. Excuso decirte los prodigios que hizo el órgano en las teclas del sacristán y lo bien que cantó el hijo del tesoro, que tiene un barbero en la garganta. En cambio, el choto profundo parecía un bajo recién destetado. A su debido pulpito subió al tiempo el padre nos dijo un sermón bastante Pardo. ¡Cuántas llagas dio diser 3 los tropezones de San Francisco! Las velas gemían, las viechisporroteaban, y la paciencia de los fieles perdía la generalidad oyenel desatinado Francisco de San panegírico. Terminó la novedad sin otra misa, y al compás de una iglesia. la gente fué saliendo de la mazuika. ¡Cuánta buena salida vimos á la moza del templo! Todas llevaban encima los mozos de cristianar, y no había piropo que no las echase sus trapitos. Fuimos luego á tomar un ligero alcalde á casa del piscolabis constitucional, delante de cuya mxisica estuvo la pieza tocando puertas escogidas. Sonaron las Casas en el reloj de las doce Consistoriales, y después de comernos al señor cura, fuimos mi vivienda y yo á felicitar á los garbanzos. Estos aparecieron sobre mi esposa, seguidos de una mesa de la corte comprada en la merluza, amén de unos dedos salteados, los cuales estaban tan ricos, que nos chupamos los ríñones. ¡Y si vieras qué Sinforosa tan exquisita nos hizo aquella doña bodega que vive junto á nuestra tarta! A media tarde, y con asistencia de la pareja de cucañas civiles, hubo tres guardias con gallinas en la punta, y después carreras de hijos, que regocijaron grandemente á mis inocentes burros. Al declinar la procesión salió la tarde. Era de ver cómo los cohetes lucían sus capas y cómo estallaban las autoridades en él espacio.