Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 G 7 -jOh, no, no! ¡Es que ol amor desconfía siempre cuando es verdadero! ¡Mire usted, mire usted! ¿Qué es ello? TJna bandada de golondrinas que llega. ¿Le gustan á usted las golondrinas? ¡Me entusiasman, Enrique! Las golondrinas son las aves de la felicidad, de la primavera. Cuando vienen, todo sonríe. ¡Crea usted que si las esperanzas tienen alas, son alas de golondrina! ¡Es verdad! Y no puede figurarse la alegría que me produce el arribo de esas señoritas. ¿Por qué? -Porque ellas serán testigos de esta primera página de nuestra v e n t u r a ¡Delicioso! -Y crea usted que, de t a l suerte, no h a b r á miedo de que nuestro mutuo cariño concluya. III- -Te aseguro que me sorprendió el verle. Llegó á Biarritz con su señora el día después que nosotros. Yo ignoraba que hubierais reñido, y ¡calcúlate mi sorpresa al encontrármele dando el brazo á otra mujer! ¡Es u n infame, Lola, u n canalla de la peor especie! ¿Qué me cuentas? ¡Por desgracia, lo he comprendido tarde! El esper a b a conseguir de papá u n acta, u n a subsecretaría, quizás u n a cartera, porque osadía no le falta; vio que no podía conseguirlo, porque esas cosas no las tiene uno en lá mano, y se enfrió, si es que alguna vez llegó á quererme, que ahora lo dudo. Luego vino la muerte del pobre papá; convencióse de que no había el dinero que él se figuraba, y fracasados sus proyectos todos de encumbramiento y de riqueza, se largó b o n i t a m e n t e sin dignarse dar explicación alguna. ¡Pero eso es u n a vileza tremenda! ¡Ese hombre es u n miserable! -Completo. ¡Por desgracia, así h a y muchos! (DIBUJOS DK MÉNDEZ BRICíGA) -Y ahora, ¿qué piensas hacer? -Marcharme á Segovia con mi tío Tacundo, el canónigo. Es el único pariente que me queda. Madrid se me echa encima, y además y o n o puedo vivir sola. ¿No crees que procedo bien? -Tal creo. ¡Parece mentira que existan corazones t a n mezquinos! ¡Pues son los que abundan! IV- ¡Qué frío hace hoy, tío! -Sopla, sopla el Guadarrama. ¿No ves que le tenemos t a n cerca? -Voy á echar otra firma, al brasero. -Echa las que gustes. ¿Eh? ¿Qué t a l ahora? Tú visto la población en el verano. ¿A que no te parece y a t a n simpática? -Lo mismo. ¿Que la t e m p e r a t u r a es muy baja? Pues se arropa u n o P e r o le aseguro á usted que, en cambio, me encuentro m u y bien avenida con esta placidez y esta tranquilidad. ¡Mira! ¡Mira! Asómate, a u n q u e sea detrás de la vidriera. ¿Qué pajarracos son ésos? -Son mis golondrinas: las cigüeñas. Y te advierto que las prefiero á las otras. ¿Por qué, tío? -Porque las cigüeñas, como ves, llegan á la t o r r e de la catedral con el mal tiempo, en el invierno, y son nuestras fieles compañeras mientras duran las nieves en los riscos, no abandonándonos n u n c a en la soledad; en t a n t o que las golondrinas, muy monas, muy poéticas, y todo lo que gastes, vienen á vivir con nosotros en la primavera y en el estío á gozar de n u e s t r a felicidad y de nuestra alegría, y en cuanto caen las hojas y ya no podemos ofrecerles días blandos, se l a r g a n donde los h a y a y nos dejan plantados m u y lindam ento. ¡Es verdad, tío, es verdad! ¡No sabe usted bien hasta qué punto son traidoras las golondrinas! ALFONSO P É R E Z NIEVA CUENTOS DE GAZA, POR GASCÓN -TTerí al conejo al mümo tiempo en el pie derecho y en a oreja derecha. ¿Y cómo fué eso? -Porque se estaba rascando. ¡Mií i un conejo! ¡Rediez. tírale! -Pero ¿con qué cañón?