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subseoretaria, ni nada. Esa p o t r e c i l l a está chiflada por mi; fingiremos u n a m o r volcánico y vehemente y cargaremos con ella. Qxié demonio! El que algo quiere, algo le cuesta, y el bollo hien vale la pena de sufrir el coscorrón. ¡Qué fastidio de smokin! ¡Cuidado que se lo dije al sastre: mire usted que me aprieta por debajo del braz o! E s o desaparece en cuanto se le aplome á usted la prenda. ¡Pues no, señor: me sigue haciendo d a ñ o! Y a hemos llegado. ¿Y mis guantes? Creí que los había perdido. Toma. Te has g a n a d o honradamente la propina. El j a c o es destartalado, pero corre. ¡Gracias, gracias, Amelia! ¡Con u n a sola p a l a b r a verla á usted hermosa y radiante en medio de la fiesta, se me cayeron las alas, y me encontré t a n insignificante, que me pareció imposible que mis ilusiones se realizasen! -Pues debiera incomodarme con usted por esas dudas, que me demuestran que me juzga usted muy mal.