Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Entre D. Amos Salvador y Julio Ruiz, ¿quiéa no eiiCiicutra difireut- ias notables? Son el huevo y la castaña; y el lector, según sus simpatías personales, dirá quién es Ja castaña y quién es el huevo. Julio Rniz perdió su voss cantante antes de que D. Amos la llevara en los Consejos de ministros. Julio Rniz decía en las tablas aquella famosa frase: ¿Que ha ocurrido una irregularidad en Cuenca? ¡Y á mi qucl 1) Araos, en situación igual, sale y dice: ¿lía ocurrido una irregularidad en Cuenca? Pues por el hilo de Cuenca sacaré yo el ovillo de las demás delegaciones. Valiente es la empresa y digna de elogio, pero mucha ayuda necesita el ministro. A la cuenca ha llegado, ¿pero podrá cruzarla sin decir: Tío, páseme usted el río? Y esta es la situación. Los inspectores desparramados por las cuarenta y nueve provincias. Y D. Amos en la cumbre de su ministerio, enhiestos los bigotes como hierros de veleta, y ojo avizor á ver hacia qué lado corren vientos de inmoralidad. De esta hecha, las corridas de toros toman en Francia carta ó despacho telegráfico de naturaleza. ¿Quién hace caso de la ley Grammont? ¿Quién de las persecuciones de Dupuy? El articulado de la primera y los ukases del segundo sólo sirven para rodear á la institución taurina de una atmósfera épica, que ya quisiéramos por aquí para cortar los desmayos de la afición. Como que la cuestión taurina envuelve en Francia nada menos que una cuestión de poderes. El poder legislativo (ley Grammont) en contra; el poder ejecutivo (M. Dupuy) en contra también. En cambio, el poder judicial está resueltamente al lado de los toros pasando de toga á los denunciadores. Puestos el Gobierno á denunciar, los tribunales á absolver y el respetable público á aplaudir, ninguno se da punto de reposo, como Sancho, la moza y el ventero. ¡Y luego hablaremos mal de la justicia histórica! Ella es en Francia el amparo de toreros perseguidos, la esperanza del arte, la síntesis de la afición En vano pondrán el grito en el cielo los socios de la Protectora de animales. Cualquier juez de partido les clavará la espada de la justicia hasta la misma bola. Bien que hasta ahora la lucha entre los dos bandos no ha pasado á mayor S. No se trata más que de ííimes y diretes. Tras el primor cuerpo, el segundo, y el sexto, y el quinto, y todos los demás. España ha ardido en bélicos aprestos desde las sierras andaluzas hasta las pirenaicas, y desde las costas del Mediterráneo á las fronteras de Portugal. Todo ha salido á pedir de boca y guerra. No han hablado, sin embargo, los corresponsales, de ese nuevo cuerpo de cazadores pirenaicos (versión española de los cazadores alpinos) que iban á estrenar uniforme en las maniobras del sexto cuerpo. Sin duda se ha desistido de formar esos batallones por la infinidad de compromisos que habría para llenar sus plazas. En efecto; no hay que olvidar que en estos cuerpos para montañas el rápido ascenso es lo que se busca. El segundo cuerpo empezó á maniobrar á las órdenes del general Chinchilla. Las fuerzas contrarias las mandaba otro general: El general Aguacero. Y éste salió vencedor, teniendo que declararse en retirada los del Gobierno. Todo por imprevisión de éste y del ministro de Marina. ¿Quién no manda á Carmona un par de baques? Porque los buques españoles, cuando menos, para andar por Carmona creo yo que todavía servirán. (DIBUJOS DK CILLA) Luis ROYO V I L L A N O V A