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Á OCHO DÍAS VISTA Crisis en puerta. -La pública voracidad. -Ahora va de veras. -Hoy salf hoy. -A la puerta del Consejo. Cómo acaban los Consejos de ministros. -Velocipedismo. -Las ruedas de la Administración. -Tópicos viejos y frases nuevas. Gobiernos montados, -El Instituto y el Velódromo. -Los chicos del cautchuc -D. Amos y Julio Euiz. -Una irregularidad en Cuenca. La cuenca y el rio. -Ministro vigilante. -Los toros en Trancia. -La ley Grammont y M. Dupuy. -Cuestióu de poderes. -Nimes y diretes. Siguea las maniobras. -Los cazadores pirenaicos. -En el segundo cuerpo: el general Aguacero. -La escuadra en Carmena. La crisis no lia surgido todavía (al menos á la hora en que estas líneas escribo) pero tenemos por cierto que surgirá, y esto basta á calmar un poco, ya que no á satisfacer totalmente nuestra legítima, nuestra lógica, nuestra natural impaciencia. Porque ¡cuidado que ha llovido desde la última crisis ministerial! Mentira parece que hayamos podido vivir tanto tiempo sin jaleos parlamentarios ni cambios de personal en el Gobierno de la nación. Aquí, donde la pública voracidad exige á menudo carne de ministro, donde el banco azul tiene el asiento con alfileres, donde la poltrona ministerial es algo asi como un sillón de peluquería: nadie lo ocupa sino el tiempo necesario para que le afeiten. Mas ahora va de veras. Con motivo de la IJga Vizcaína, creyóse inminente la crisis en su forma política más absoluta y radical. -Cánovas, decían, ha cazado á los liberales. ¿Con qué? -Poca cosa; con liga vizcaína. Luego vino el tío Paco con la rebaja: la crisis política quedaba reducida á una crisis ministerial. -Hoy sale, hoy. -iQuie n? ¿El gordo? -No es delgado el que sale: Becerra. Con tales impresiones, agrupábanse los aficionados á la puerta de los Consejos de ministros. Terminada la reunión, facilitábase la nota oficiosa; el Presidente dirigía una chirigota á los periodistas, y éstos marchaban á las respectivas redacciones. -El Consejo de hoy, decían al llegar, acabó como todos presumíamos. ¿Con la salida de Becerra? -No; con una salida de Sagasta. El velocípedo ha dejado de ser un rccroo más ó menos higiénico, para convertirse en una verdadera institución oficial. Por ahora no ha entrado la bicicleta más que en el Ejército y en el ramo de Comunicaciones; mas poco á poco iremos colocando llanta pneumática á todas las ruedas de la Administración. Eso de la nave del Estado eso de las riendas del Gobierno eso de la marcha de los negocios públicos son tópicos llamados á desaparecer del lenguaje. ¿No está mejor dicho y más á la moderna el manillar del Gobierno los pedales del Estado y el record de la cosa pública? Si, como antes decía, la vida en España es imposible cuando no menudean las crisis políticas, ¿no es más fácil que caigan los Gobiernos cuando monten en bicicleta, que cuando monten, como hasta ahora, en las narices del respetable público? La juventud, por su parte, puesta á escuchar palabras nuevas, prefiere el match, el entreneur y el record, al dereclw usual, á la antropología, á la historiografía y demás novedades de Fomento para la actual temporada. Entre el Instituto y el Velódromo, todas las ventajas están de parte del último. Más sano que darle vueltas á la cabeza, es darles vuelta á los pies. Y todavía está por probar si es más conveniente para cada quisque la lozanía intelectual que La robustez física. De todas suertes, pasó con todas sus consecuencias la encanijada juventud de la goma Y viene con todas sus bocinas la robusta juventud del cautchuc