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LA VENDIMIA Como siempre es nueva la naturaleza dentro del forzado y m o n ó t o n o curso de sus fases anuales, siempre son nuevas también y fuente de toda poesía las costumlDres del campo, sencillísimas como en los tiempos primeros de la agricultura. Poned en el campo las modernas máquinas agrícolas, y dicha poesía a m e n g u a r á quizás; en cambio, el tosco arado romano, la tarda y u n t a la hoz del segador y el tosco cesto de los vendimiadores, serán eterno tema de la l i t e r a t u r a bucólica y de la p i n t u r a de costumbres. El dibujo que ofrecemos á nuestros lectores es u n a escena de la vida otoñal en el campo. Las vides h a n alcanzado todo su desarrollo en los largos sarmientos que, como avaros dedos de m a n o codiciosa, guardan contra el suelo los apretados racimos. H a llegado la época de la vendimia; hombres y mujeres, sin más armas que la adiestrada mano, despojan á las cepas de su fruto racimo por racimo y llenan hasta la boca los cestos de mimbre con la carga, negra u n a s veces, dorada otras, del fruto de la vid. Aquellos cestos llenan otros mayores, que se rezuman en el pesado carro hasta llegar á la bodega ó al lagar. L a agricultura cesa entonces y empieza la vinicultura, próspera y lozana en España, si bien no tanto ahora como en recientes y mejores tiempos. (DIBUJO DB A L B E R T I) J