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AOtNiVS O I IELEIÍ Apreciables esposos que lastiman á sus consortes por sospechas ó por aburrimiento. Pero la página más horrible es la de los suicidios. ¿Quién no se mata ya? Bueno es advertir que el suicidio no se halla al alcance de todas las personas: es indispensable saber leer y escribir, para despedirse del señor juez de guardia y de alguna otra persona de confianza. Mire usted, me escribía un sujeto que se preparaba para suicida, según él; la publicación de las noticias del ramo es perjudicial, porque ve un individuo que se siente con vocación el relato de uno de esos accidentes desgraciados, y no puede acallar el grito de la emulación. La popularidad que logra el nombre del suicida, la aureola que envuelve- á la familia del suicida, el limbo ó el nimbo que rodea al muerto ¡Por Dios, no publique usted más noticias de suicidios, ó caemos varios que vivimos con un pie (cada cual) en el patíbulo! Y firmaba y me olreoia su casa. Privar á las gentes de la lectura interesante de esos monólogos fúnebres, seria perjudicarlas en sus intereses. El suicida era un hombre que gozaba de generales simpatías. La bala perforó el parietal derecho y fué á incrustarse en el intestino segundo izquierda. En un bolsillo se le encontró una carta en verso dirigida al señor juez de tanda, y otra á una novia que tüVo en Pedroñeras durante los m e s e s del verano último. Se ignora la causa que le impulsaría á tomar tan desesperada resolución. Bu varias ocasiones se añade: Parece que el difunto, antes de serlo, había dado muestras de enajenación mental. Con esta opinión salvan el decoro del suicida. Es una oración fúnebre del mismo género de las que dedi- ¡Y l) ay quien dice que el género dramático está docaído! No hay tal decadencia, ni mucho menos. Vivo y muy vivo y boyante se conserva el drama, y la afición nunca se extingue en el público. A- diario leerán ustedes, los que sepan, los relatos dramáticos que publica la prensa: el crimen, el incendio, el estupor con nocturnidad y alevosía; nada falta en ia escala criminal, ni aun en la escala alcohólica. Algún padre de familia honrada tiene prohibidas á sus hijas la lectura de diarios con noticias cuando traen crimen no literario. -El ejemplo es enseñanza funesta, dice el padre infrascrito; cuando murió mi esposa, yo quería morir después mediaron varios amigos, y no tne morí, pero volví á casarme, transcurrido el plazo legal, por decirlo asi. -Llámele usted hache. -No; la llamaban Hortensia, pero ella sostenía que debería escribirse sin hache. Era una mujer muy culta. La crónica del crimen llena varias columnas de los periódicos de mejor posición social. Jóvenes que ejecutan á sus novias por celos infundados ó por desaires ofensivos para la dignidad del novio. Ancianos que se dejan morir de amor puro y candido.