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DE FOTOGfiá. rÍAS EEMITIDAS POR UN FONDISTA DE MAEMOLEJO A i TUS DE TOMAU 1- AS AÜUAS TOilAWDO LAb ACiUAS DESPEES DE TOMAK LAS AQtJAS mados j u n t o á las tapias; el pozo, cuyo brocal parece u n a rueda dentada por el roce de la soga ó de la cadena; flores por todas partes, y a trepando árboles y paredes arriba, ya en macetas de todos tamaños, ya en macizos de tierra bordeados por l a hierbabuena y l a mejorana. Marmolejo tiene también su industria local: la alfarería. Y por cierto que el modesto artist a encargado de fabricar los recuerdos de Marmolejo demuestra m u c h a inventiva ó m u y buen gusto p a r a la elección de modelos. Cuando entramos en su taller moldeaba, con el auxilio de una rueda de tornear, u n a ánfora como las griegas. E n rincones y aparadores h a b í a infinidad de cacharros q xe parecían muestras de cerámica oriental ó romana. E r a u n vivo anacronismo aquel andaluz, -con su sombrero ancho y su acento de J a é n elaborando cráteras etruscas. I g u a l efecto nos hubiera hecho el soldado de M a r a t h ó n arrancándose por soleares. ¿Cómo dejar en el tintero á la reja andaluza? f Las que allí vimos eran menudas, chiquitas (quizá yo las había soñado demasiado grandes) y no volaban completamente, sino que se u n í a n á la casa en la p a r t e inferior por u n pilarete, en la superior por u n chaflancillo, todo de la fachada. Y como yo no tenía pavas que pelar, ni era cosa do pasarse mucho rato viendo pelar las pavas ajenas, abandoné l a s calles, dejando en casi todas á uno y otro lado las jóvenes parejas: ellos recostados en la pared, ellas complet a m e n t e ocultas t r a s el toldo. Otra vez á cruzar pitando los olivares de J a é n las rocas de Despeñaperros, las l l a n u r a s de la Mancha Llegamos á Madrid, empiezo á bajar los bultos de la rejilla, y oigo que me dicen: ¿Se ha dejado usted al o por allá? ¡Vaya si me he dejado! L a gastralgia. E n agradecimiento de lo cual, yo pensaba APUNTE DE UN PATIO DE MAKMOLEJO enviar á F u e n t e Agria mi correspondiente exvoto: u n estómago de cera. Pero ya sabrán los andaluces de Marmolejo que en Madrid no h a y más cera que la que arde. LUIS E O Y O (Dtbfios (le Raerlas; eariccituras de Meeachls: fotografias de La ora. VILLA NOVA