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G 53 hidrópica sed do los nijiianoson (y agua so necesita p a r a esto) sino que surten cómodamente al Establecimiento de baños y todavía sobra líquido para regalárselo al Betis. Los enferm. os, quo antes iban del pueblo á la fuente montados on caballorias del país que bajaban el pedregoso sendero, cuentan hoy con u n a hermosa carretera, coches de sobra y ¿quién sabe si m a ñ a n a c o n t a r á n con u n tranvía eléctrico, de los que todavía no hay en España? Sabio colaborador del propietario en la h u m a n i t a r i a tarea de l e v a n t a r las aguas al nivel que merecen, es el doctor G- óngora, médico- director de i l a r m o l e j o providencia dé los a ¡píano! íOs y el primor entusiasta de F u e n t e Agria: como quo su entusiasmo tiene por baso larga práctica é infinitas observaciones terapéuticas. El agua, además de uso interno se administra n baños, on inhalaciones y en pulverizaciones. Ea reforma es reciente: del año pasado. Nosotros vimos, flamante y como si estuviera sin estrenar, el cobro bruñido de la sala do duchas, el níquel de los inhaladores, el mármol jaspeado de las pilas; todo puesto con u n comfort y u n lujo á que no son m u y dados todavía los balnearios españoles. Y hora es de hablar del P a r q u e la verdadera j o y a de Marmolejo. E n t r a m o s en él por el viaducto, y- ¿Ve usted? nos decía nuestro amabilísimo cicerone señalando las peladas faldas de Sierra Morena, ¿vo usted aquéllo? Pues esto UL DOCTOB GONGOIiA ora lo mismo: terreno pelado desde el río hasta la carretera, desde la sier r a hasta ol m a n a n t i a l Con esta consideración, y viendo una t r a s otra hasta el mareo las infinitas cspecios arbóreas que pueblan el P a r q u e l o adornan y embalsaman, compréndese ol trabajo que representa aquella gigantesca resurrección de la Naturaleza frente á la sier r a adusta, que parece m i r a r con envidia t a n t a y t a n varia frondosidad. Allá, los plátanos crecen desmesuradamente, mostrando la débil escama de su corteza y las hojas anchas y picudas como manos extendidas; el saludable eucaliptus purifica el aire, el álamo blanco agita su cabellera plateada, y la acacia mueve sus hojillas, agrupadas on serios. Crece ol cinamomo j u n t o al granado, -el fresno al lado de las sóforas, los castaños do Indias, los naranjos, almendros, nísperos, granados y mil es) ecies más, agrupados en algo como un congreso arbóreo, donde Jas lantas no están de m u e s t r a como en u n a estufa ó en u n j a r d í n botánico, sino que se cuentan por cientos las de cada clase, y viven en perfecta sociabilidad gracias á la savia del terreno, quo da para todas, iermitiendo ver unidos el pino del N o r t e con el naranjo del Mediodía, el salvaje arbusto serrano con el cinamomo oriental. H a y en la parte baja, bañados por u n ai royuelo, varios sauces t a n elevados, que parece que tienen trampa; sus ramas y hojas caen desdo la copa formando u n a cascada colosal. KL VIADrCTO