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l- 3. v i VES llBULO DEL BALKKAKIO Y SALÓN DE LECTURA primera no hace flojo peso en la opinión: asi es que, en el spor ¿ayuanoso. P u e n t e Agria es el m a n a n t i a l favorito, F u e n t e Agria tiene u n a cola de gente que y a la quisieran p a r a sí muchas tardes las taquillas de J a i- A l a i y de la Plaza do Toros. ¡Dios mío, qué pesadez! clama algún impaciente guardando fila. ¡Qué remedio! ¡Paciencia n a d a más! L a salud es u n bicho que h a y que cazar á la espora casi siempre. -Pero los coches no aguardan; y o tengo que beber mis quince cortadillos, y ¡vamos! lo que es yo, no voy á pata. -Con t a n t a agua, ¡qué ha de ir usted á pata! ¡á lo que va usted es á pato! Estas y mejores cosas se oyen paseando arriba y abajo de la galería, en c u y a balaustrada me pasé de bruces lai gos r a t o s contemplando, bien por u n lado el curso poético del río, que m a r c h a lamiendo la falda de los cerros; el P a r q u e allá en la altura, y en lo alto también la esbelta construcción de la Torre del Balneario, bien por otro lado el puente romano, cuyos ojos desiguales tienen no sé qué guiño do picardía; el depósito de agua medicinal, que sube al balneario por los buenos oficios de u n a bomba, y la Puente del Padre La- Fuente del P a d r e ¿Y qué es eso? ¡Un S ji 3 ra! El origen de toda la j u s t a fama que hoy disfruta el Vichy español. Cuéntase que u n fraile, allá por el siglo pasado ó hace un par de siglos, bebió el agua de la pobre faentecilla, bañó en ella después sus miembros ulcer a d y a l poco tiempo recobró la fuerza de su estómago deshecho y el vigor de todo su cuerpo, próximo á dar en la sopuijura. Si el fraile volviese á la vida, ¿oonoeeria acaso los lugares donde halló milagrosamente la salud? P o r ellos ha pasado el trabajo del hombre, transformándolos con arreglo á las necesidades de la época; el i n g r a t o pizarral de orillas del Gruadalquiyir es hoy un balneario á la moderna, gracias al esfuerzo constante y á la atinada dirección del propietario de las aguaá el Sr. León y Llerena, que ha enterrado á orillas del Guadalquivir mucho entusiasmo, mucho tiempo y mucho dinfero. De t a n excelente semilla han brotado, como no podía menos, opimos frutos. Al hilillo de agua que salía de la F u e n t e del Padre h a n sucedido los grandes m a n a n t i a l e s de San Luis y de P u e n t e Agria, ricos en gases que paxecen hervir, estallando en burbujas t a n considerables, que aun en época de sequía no sólo satisfacen la