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650 asi como el claustro de aquel santuario de la salud, la sala do pasos perdidos ó el salón de conferencias, donde so charla, se pasea y se descansa entro vaso y vaso. Al final de la galería, y unido á ella en la propia margen izquierda del Guadalquivir, se eleva u n airoso templete, de cuyos senos b r o t a entre pizarras el m a n a n t i a l L a larga hilera de aguanosos desc i e n d e por u n costado y snhe v, por el otro, satisfecha la sed; lind a s muchachas, q u e comparten con las aguas la t a r e a de ahrir el apetito, l l e n a n v a s o t r a s vaso, cumpliendo s i n cesar la g r a n obra de misericordia: dar de beb e r al dispépsico. ¡Y v a y a usted á convencer á l o s afjuanosos de que la virtud de las aguas consiste en su calidad, sin que la cantidad de vasos a u m e n t e la fuerza curativa del agua! P a r a u n bañista prudente que, parodiando á Baltasar del Alcázar, pídelo, ddnselo, héheln, vuélh lo y vase co Uento, SIKVIENDO EL AGUA üN LA FUKMTE AttKIA h a y doscientos que emplean la táctica de las grandes masas como el Capitán del siglo y échanse al cuerpo vasos y más vasos, -como si faerau á curarse al por m a y o r -Yo me he bebido veinte vasos, dice u n caballero, y n o sabe usted lo que me h a n abierto el apetito. ¿Nada más el apetito? A mi me h u b i e r a n abierto en canal. J u n t o á F a e n t e Agria está el m a n a n t i a l de San Luis, idéntico en propiedades y virtudes; pero la antigüedad de la