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UN DÍA DE VICTORIA Cierto pueblo do Es aña. hoy triste y olvidado, no porque en él hiciera su presa la ambición, sino que por el hambre febril y exasperado, so alzó contra sus reyes en franca rebelión. Y á sojrizgar al pueblo, con tropas nuincrosas artió desde Castilla nn bravo S enora! quo obtuvo en mil campañas brillantes y sloriosas v rtiondo san! Te htunana, renombre universal. Tras una batería formaba un artillero nacido en aquel pueblo quo ansiaban destruii cruzando triste y pálido aijuel mismo somlcrü qiLO al son do las guitarras atravesó al partir. Kl dialing uió á lo lejos ol alto campaiuiiio a, lzando en la llanura su molo sccul. ar, y á su benigna sombra, del breve vecindario las míseras viviendas en g rupos blanquear. Y en t a n t o quo, rodando, el suelo cstrcmccia con rechinar violento el hierro del cañón, él sus iraba viendo la lácida alquería donde brotó la llama do s i nimer pasión. í At tatito (pie a v a z a h a n cu ala los soldados ol) C, tl; fC iondo iriudus la voz del ca itán, él con horror hollaba los campos y sembrados cuyos beiiditos frutos COÍ- Í ÍÓ con t a n t o afán. Y cuando en atjuol lia sonó por vez rimera un liói rido ostani ido (fue ol aire estremeció, é l v i ó á través del humo, del m o n t e e n la ladera, sentada entre unos pinos la casa en quo nació. Entonces las memorias de los pasados días á su turbado osjiíritu llcgai- on en tropel: recuerdos do la infancia, yuimeras alegrías... ¡de la árida existencia el único Víu- jell Kl vio á su a n c i a n a rnadi o con ol V (dlóu do l a n a al cabo de la rueca liilándolo y rezar: j u n t o á ella, en sus labores, á su inocente hermana; y al padre, con las manos hacia ol caliente ho. i ar. Kl vio las lenguas rojas del encendido tuoro iluminar la casa con álido fulgor, luciondo en las cuchillas del acerada) apci o, brillantes por el brazo did rudo labrador. De súbito, sus fueL; Os rompió la artillería y á un tiempo tierra y aire se oyeron i ctouililai ó hicieron los cañones certera p u n t e i í a contra la humilde casa oculta en el pinar. Y aquel pobre soldado, en lágrimas deshecho, entro los sitiadores frenético avanzó, y del cañón la boca cubriendo con el pecho, con fiero aconto dijo: ¡A aquella casa no! Mas ¡ay! brilló la llama con espantoso estruendo, salió ol humo brumoso con negra densidad, y no quedó más huella de crimen t a n horrendo que u n ruido cuyos ecos tragó la inmensidad. Al fi- ento de sus tropas, y abitado con su gloria, volvióse hacia Castilla el bravo campeón, diciendo al soberano; ¡Fué nuestra la victoria! ¡Oh memorable día, inmarcesible acción! EAPAHL T O R R Ó M E (DIBUJO DE MÉNDEZ BEINGA)