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1 ¿Que hace una plancha ante el tribunal de Latín? Pues no tiene más que exclamar, dirigiéndose al presidente: -Usted perdone; me había equivocado de asignatura. ¿Que se pasa en Historia desde el advenimiento de Ataúlfo hasta la muerte de Eecaredo? Pues este salto mortal es de un mérito indiscutible. Mucho más cuando, faltando brazos á la agricultura, son más de agradecer los biceps duros que las cabezas privilegiadas. De todos modos, para hablar de las reformas preciso es aguardar á sus resultados. Mas ¿quién se resiste á echar el cuarto á espadas en esta cuestión tan cacareada, alborotadora, tenante y sonante, que más que plan de segunda enseñanza debería llamarse rataplán del ministro de Fomento La extirpación de la mendicidad es un problema eterno dentro de las calles de Madrid. De cuando en cuando se inicia una recogida de mendigos, y hablase de inmensas redadas conducidas al Asilo de San Bernardino ó á los sótanos del Gobierno civil; mas el transeúnte no echa de ver el benéfico expurgo: los mismos chiquillos á la salida de los teatros; idénticas plañideras á la entrada de los templos; en cada esquina de Madrid su mendigo correspondiente, que la usufructúa de tiempo inmemorial. Claro que aquí lo malo no es pedir, porque contra el vicio de pedir hay la virtud de no dar, sino que las exigencias del mendigo van siendo tantas y el gremio tan populoso y bien organizado, que hay para temer cualquiera cosa grave. ¡Quién sabe si la cuestión social estará bien planteada! ¿No es fácil que el peligro venga del mendigo, mientras todos creemos verle en el trabajador? ¿Por qué hemos de temer al trabajo, cuando el trabajo ennoblece, redime y purifica? ¿Y por qué no hemos de mirar con prevención la más molesta é hipócrita de las vagancias, germen de todo lo malo, porque la ociosidad es madre de todos los vicios? Ya no se pide en nombre de Dios, ni en él se confia para alcanzar la limosna. Decidle á un mendigo que perdone por Dios, y veréis qué os contesta. Lo que me respondió á mí en Zaragoza un pobre, rascándose la cabeza por encima del zorongo. -Dios le ampare, le dije. -Había de ampararnos por turno. De manera que los mendigos forman un partido perfectamente organizado y hasta completamente gubernamental son partidarios del turno pacífico de la miseria. La otra tarde armaron la de San Bernardino, que es mucho peor que la de San Quintín. So pretexto de que no cabían todos en el local, se sublevaron contra los empleados del Municipio, diciendo á voz en grito que ellos eran pobres, pero alborotadores. En vista del niímero, se piensa en tolerar aquí á los pobres madrileños, dando pasaporte á los e raños para el pueblo de su naturaleza. Que cada palo aguante su vela, como dice el refrán. De hoy más, tendremos mendigos legales é ilegales. Y habrá que exigirles la fe de bautismo para saber si tienen derecho á la limosna. Este proteccionismo benéfico es una doctrina económica muy común en los municipios españoles. Nadie es profeta en su patria, ni puede ser mendigo fuera de ella. Y un día de estos se pondrá en las esquinas el bando del alcalde que sancione aquel sabio principio: No es permitido en Madrid la mendicidad más que á los pobres naturales de esta corte y propietarios en ella. LUIS ROYO V I L L A N O V A ír uit 7 j. s DTi C I I J I A)