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638 ral, clivisíibaso porí octamonto todo ol campo. En las cinco ó seis horas q ue cUiró la supuesta acción, desde el amanecer hasta ol mediodía, es donde pudieron admirarse las condiciones de nuestro ejército, y sobl- e todo la admirable resistencia del soldado. P a r a ejecutar cualquier movimiento subían los cañones agrias pendientes, como l- A A K T I I I E K Í A ESIiMlGA U i C I E S B O ETAPA EK EL ESI IHAU si fueran arrastrados por águilas; allá donde lo permitía ol terreno, lanceros y dragones daban cargas capaces de detener en su moviiuieiito do avance á ouálq uier ejército real; el soldado de infantería, ol sobrio ó i n c a n s a b l e soldado español, saltaba zanjas y vericuetos, se agrupaba en pelotones ó se diseminaba en guerrillas c o m o t r o p a descansada y fresca, cuando las marchas forzadas, el sueño voluntariamente rehuido, la propia debilidn. d del estómago, doblan pesar sobre sus cuerpos mucho más que la abotagada mochila y la m a n t a cruzada en bandolera. é r i? mi Lurs B E R M E J O Mas éste fue, ét. te es y ésto s t r á siempre el soldado español. Con material ó sin él, mejor ó peor dirif -ido, bien ó mal alimentado, ni conoce ía fatiga ni siente el cansancio, n i busca más recompensa que un poco de jaleo en la plaza y un aire p o p u l a r en la banda del regimiento, para sacudir con el bailo el polvo do la batallo. üeti dtos Viuda de B. Behas; dibujos del vatuixd por Mota; fodxjrafia t D fantá iicaíí de Laforo.