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(508 ¡Es osado! De sobra se ve que nos t r a t a m o s de cumplido, con cierta cortedad- -jSi no es más q ue p o r eso! ¡Qué bromista es usted! L a campana nos llama. ¡Maldito esquilón! ¡Ahora que la conversación se iba animando! ÍJspere usted; me subiré y o primero p a r a darla la mano. asunto urgente me ha obligado á ir á Madrid u n p a r de días. ¡Demonio! P a e s h a b r á que cuidar de que mi hija no se entere de la aventura. ¡Y que este hombre me parece cada vez más simpático! V- -Ya hemos llegado. -Ahora le ruego á usted que no me dirija la palabra. Me esperan parientes, y podrían decir- ¡Pues si es lo que yo deseaba! Me bajo antes que ella, y evitado el peligro. Ahora; pero ¿y luego? -Luego ¡Dios dirá! Salga, salga usted. ¡Es usted p a r a mi una esperanza en capullo! ¡Hasta m u y pronto! Allí está mi mujer. ¡Luisa! ¡Luisa! (He tenido suerte; no me ha visto la otra. Anda, vamos, que estoy cansadísimo. -Pero ¿es verdad que no sabes nada? ¡Pues va á ser floja la sorpresa! ¿A que no adivinas quién viene en el mismo tren que tú? Anoche me lo telegrafió desde Coruña. ¿Quién? -Mi madre. ¡Mírala! ¡Aquélla! ¡Mamá, mamá! ¡Hija mía! ¡Hija de mi alma! ¡Ven á mis brazos! ¡Cuánto he anhelado este momento! Mamá, t e presento á tu hijo. Arturo, mi madre. IV ¡Pues si, llámeme usted loco, aturdido, torbellino; pero y o no puedo ocultar el fuego que usted ha encendido en mi j) 60 ho, yo la amo á usted desde- -Falencia. ¡Pero hombre, usted deja t a m a ñ i t o s á los volcanes! ¡Búrlese usted, pero sépalo! -Yo no me burlo. Soy de las que creen que el amor es u n a chispa, y, por tanto, que brota de repente. ¡Ah! ¿Usted cree eso? ¡Dios mió, qué felicidad! -Poco á poco. Esa chispa se apaga ó se convierte en u n incendio. Eso es lo que h a y que averiguar. -Pues en mí se ha convertido; ya lo oyó usted. ¡Allá veremos! ¿Luego me da usted esperanzas? ¡Gracias, gracias! -Yo no he dicho nada. ¡Oh, ue no se acabe n u n c a este viaje! ¡Yo iré con usted al ñ n del mundo! ¿Dónele va usted? ¿A los baños. á Puente- Viesgo tal vez? ¡Usted debe de tener enfermo el corazón de ternura! (Lo malo es que mi mujer me espera en Santander. ¡Bah! L a diré que perdí el tren: dejo á éstainstalada, y vuelvo á verla. -Pues voy á Santander mismo. ¡Diablo! í l a y que andar con mucha cautela. ¡Y mi costilla me dij o que bajaría desde el Sardinero á aguardarme en la estación! ¿A la ciudad? -No, al Sardinero. -También yo me dirijo allá donde veraneo. Un ¡Santo Dios! ¡Ella! ¡Mi suegra! ¡Virgen Santísim, ¡El! ¡Mi yerno! ¡Os habéis quedado fríos! ¡La emoción! ¿Conque y a no te separarás más de nosotros, verdad, mamá? ¿Renuncias á tus Filipinas? -En absoluto. ¡Paes, señor, me sigue gustando cada vez más! No hay otro remedio que esperar, y si algún día enviudo, me caso con m i suegra en segundas nupcias. ALFONSO P E E E Z NIEVA (DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINñA)