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UN CÓLICO DE FAROLES Don Cleto reunió á sa familia en sesión extraordinaria y les dijo: -Quiero que el día de mi santo se celebre este año con gran esplendor, y es preciso que hagamos algo para obsequiar á los amigos que nos visiten aquella noche. Yo había pensado en dar un bailé fantástico con horchata de chufas. ¿Qué tal os parece la idea? -Hombre, dijo la señora de la casa, la idea no es mala, pero debemos suprimir la horchata, porque nos va á salir muy caro el convite. -Bueno, pues entonces obsequiaremos á los invitados con agua. ¿Sola? -No; con gusto á humedad. -Mira, lo mejor es que prescindamos del refresco y obsequiemos á nuestros amigos con ramaje de ese que se consume en las verbenas. -Para que cenen, ¿eh? -No, hombre, para que se lleven un recuerdo del baile. ¿Y qué música vamos á tener? preguntó Pepita, la hija mayor de D. Cleto. -Música oriental. Aquella noche vendrá un amigo mío que ejecuta las piezas más difíciles con un peine envuelto en un papel de seda. -i Cuánto vamos á divertirnos I exclamó Pepita cogiendo las manos de su hermana y dando saltitos. -Adornaremos la sala con cadeneta de colores y gallardetes, ¿verdad? preguntó la otra niña. -Los trabajos decorativos se harán bajo mi dirección, dijo gravemente la esposa de D. Cleto. -Estás equivocada, advirtió éste. La idea es mía, y yo debo realizarla á mi gusto. Vosotras no haréis más que obedecer mis órdenes. -Bien, hombre; por eso no vamos á reñir. -Desde mañana empezaréis á fabricar cadeneta. ¿Y el papel? preguntó Pepita. -Mañana lo tendréis. He hablado ya con un conocido mío que se dedica á repartir prospectos, y me prometió traar dos arrobas de anuncios atrasados. Me parece que habrá bastante con ese papel. ¡Ya lo creo! i- inv -Mientras vosotras hacéis esos adornos, yo me dedicaré á destripar pepinos.