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592 Los que no son hombres de bien no lo son sino por ignorancia; que si los malos supieran las ventajas de la virtud, la profesarían por picardía. Os traigo lo riqueza. Volvieron á llamar á la puerta, y se presentó otro joven vestido de doctor, que exclamó abrazando t a m b i é n al enfermo: -Hace tres años que salí de casa en busca de mejor suerte. Quería saber, y como m i madre me había enseñado á ser bueno, encontré pronto la verdad por sentimiento. L a ciencia es u n a fuerza, es el arma de Dios; os traigo u n cetro en mi ciencia; pongo á vuestros pies el poder. Volvieron á llamar a ú n Otro j o v e n se presentó. -Hace tres años que dejé esta casa, dijo, y la dejé siguiendo las seducciones del arte. ¿QUé puede haber más hermoso qué l a bondad, si l a bondad es la traducción hum a n a de la belleza divina? E l m u n d o h a aplaudido mis obras, porque todas eran la expresión de la b o n d a d que me h a enseñado m i madre. Os traigo los laureles que he ganado; vengo á ofreceros mi gloria. El enfermo rodeó á sus hijos con u n a mirada; después fijó los ojos en su esposa, que inundada de alegría brillaba con u n a belleza sobrehumana. -Cuando todo me faltaba, dijo, mis hijos me t r a e n la riqueza, el poder y la gloria, y todo te lo debo á ti. Tu virtud h a sido la fuente de t a n t a s grandezas. Con sólo ser virtuosa has hecho felices á tus hijos y me has hecho feliz á mi Esposa mía, perdóname, y mirándome en adelant e como u n hijo, enséñame t a m b i é n á ser b u e n o María abrazó á su esposo sollozando. IV J a m á s supo Eosa que su marido la dominaba, y j a m á s hubo, sin embargo, mujer más esclava de su marido. Éste había observado que todo vicio es u n a debilidad, toda pasión u n motor, y que las gentes ambiciosas y astutas se valen de esas debilidades, se apoderan de esos motores p a r a dominar á aquéllos á quienes quieren convertir en víctimas. ¿Por qué, se preguntó, lo que t a n t a s veces h a servido p a r a el mal no ñ a de servir p a r a el bien? T disecando el alma de Eosa, analizando u n o por u n o sus malos instintos, t a n t e a n d o u n a por u n a sus pasiones en (DIBUJOS DK BRINGA) germen, llegó á dominar su alma como el músico su instrumento. En sus últimos momentos, Eosa, con la intuición del m o r i b u n d o con esa doble vista del alma que desplegando y a sus alas sobre la tierra mientras se desprende su t ú n i c a m o r t a l parece que h a recobrado el cetro de una inteligencia sobrehumana, comprendió la obra lenta, ingeniosa, digna de espantar al diplomático más hábil, que su esposo había llevado á cabo en silencio por espacio de tantos años. -He sido b u e n a por t i le dijo casi con adoración porque se le reveló en él u n Eedentor. -Y yo he sido feliz por ti. Al labrar t u dicha, he labrado mi felicidad, la respondió lleno de gozo su esposo. Dos almas subían al cielo, el alma de María y el alma del esposo de Eosa. Otras dos almas salieron á su encuentro. -Esposa amada, dijo u n a de ellas á María; te debo mi salvación, y aun aquí tendré que adorarte. Sobre la gloria merecida por t u virtud, t e n d r á s la mía, porque has sido mi custodio. -Esposo mío, dijo Eosa á su esposo; t ú eres m i salvador; te debo el ser feliz d u r a n t e la eternidad; ¿de qué modo podré pagarte? E n este m o m e n t o se presentó aquel mendigo que había pedido agua en otro tiempo á E o s a y á María. Las dos jóvenes se estremecieron reconociéndole. -Eosa, María, dijo el mendigo; á la buena di u n mal esposo, y u n b u e n esposo á la mala. P o r eso hoy, en vez de dos almas, recibo cuatro en m i reino. Piense t o d a muj e r á quien toca u n mal esposo, que está colocada á su lado p a r a ser su ángel de la guarda y que le debe nacer bueno. Piense todo aquél á quien t o q u e u n a m a l a esposa, que le he dado u n diamante en b r u t o para que le pula. El hombre no está en el mundo sólo para ser bueno, sino p a r a hacer buenos á los demás. Si mando á u n o de mis ángeles que descienda hasta el fondo del m a r de amargur a que se llama vida h u m a n a es p a r a que saque á la orilla alguna perla. CARLOS R U B I O IMPKEYISION C I E N T Í F I C A POR FILIBERT El doctor Cisura estuvo todo el dia trabajando en su I n s t i t u t o de vacunación. Después de comer opíparamente, sacó la lanceta que tenia en el bolsillo, sirviéndose de ella como mondadientes. Y ¿qué había de suceder? A la vista está. Digan ustedes si esto no fué Una imprevisión científica.