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591 Eosa le miró de pies á cabeza, y observando que estaba muy desaseado, le contestó; -Franco tiene el caño de la fuente; beba si quiere, y no tema que se agote, que mi cantarillo no se ha hecho p a r a que sus labios le ensucien. Y cogiendo su cántaro, tomó el camino de su casa. El mendigo la dirigió u n a mirada que encerraba u n poe- m a de dolor y de ternura, y murmuró viéndola alejarse: -Tu corazón es t a n duro como los pedernales que me h a n herido los pies. ¡Déte Dios un buen marido! Después, volviéndose hacia María, añadió: -Niña de los ojos azules, tengo u n a pierna enferma y no puedo bajarme á beber en la fuente; ¿quieres darme u n poco de agua de tu cantarillo? A ú n no había acabado de formular su petición, cuando y a M a r í a alegre y c o n t e n t a la estaba satisfaciendo. El mendigo la dirigió una mirada de reconocimiento; después, cuando acabó de beber, la dijo con voz a ú n más dulce, con u n a voz que parecía una caricia: -Niña de los cabellos de oro y de los ojos azules, tu alma es aún más hermosa que t u rostro Dios te dará un mal marido. María, que al empezar á hablar el anciano había bajado los ojos, los levantó con sorpresa; pero el anciano y a no estaba allí, se había desvanecido como el engendro de su sueño. Entonces el asombro de María se trocó en espanto. -Muchas veces he oído decir, pensó santiguan tenía u n panal en la boca; pero él era un león que tenia u n panal en el pecho. N u n c a t a n t a energía varonil se había unido á t a n t a dulzura. El esposo de María, por el contrario, era uno de esos hombres que, esclavos en sociedad, son tiranos en su casa. Sus pasiones eran violentas é inconstantes, su egoísmo r e p u g n a n t e como el de todas las inteligencias mezquinas. El esposo de Eosa tenía que dominar á su mujer como u n domador á u n a ñera; María era la victima silenciosa de las tiranías de su esposo. III Pasaron años aún. El esposo de María yacía en el lecho moribundo. Sus desórdenes, que le h a b í a n robado la salud, hablan dose, que el Cristo se disfraza de mendigo, y que por eso lo que se da á los pobres Dios lo recibe; pero este mendigo ha bendecido á la que le t r a t a b a mal y maldecido á la que le t r a t a b a bien; ¿si será algún rey de las tinieblas? II P a s a r o n años. Eosa y María se casaron: Eosa con un hombre de quien se había enamorado; María con otro que se había enamorado de ella. El esposo de Eosa era el más á propósito para labrar la lelioidad de una mujer. Sansón hablaba de u n león que al mismo tiempo rodeado de miseria á su familia. Solamente su esposa velaba á su cabecera, y él, que por remordimiento no se atrevía á bendecirla, la repelía como repele el criminal á su conciencia. Un golpe sonó á la puerta; María abrió, y entró u n j o v e n lujossmente vestido. -Querido padre, dijo corriendo á abrazar al enfermo; hace tres años que salí de casa á buscar fortuna, y como mi madre me había enseñado la bondad, aunque he tenido que trabajar mucho, marchando siempre por el camino recto la he encontrado. E n la ciencia de la vida, como en las ciencias exactas, la línea recta es siempre la más corta.