Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
pp intimo y cariñoso amigo, que venció pronto en análoga contienda, García y Rodríguez tuvo necesidad de librar I 1 3 batallas durante algunos años) nquistar su propia autononaia I r al fin á fuerza de constancia día quedase plenamente autoistituía el objetivo supremo de I izaoión, mediante la cual pudo intes sólo hacia á escondidas de ilidades sufridas por el distineniendo que robar tiempo al tiempo, procuraba cumplir con su obligación de orga, nista en ¡aparroquia de San Esteban á la vez que pintaba abanicos, que vendía por muy poco dinero, con el que compraba telas, colores y si -r pinceles y atendía á los gastos modestos de sus diversiones de muchacho. García y Rodríguez, an -S tes que un distinguido pintor, fué un organista muy notable, pues llegó á tener tal dominio de la música, que más de una vez pudo satisfacer los deseos del cura de la parroquia donde él tocaba el órgano, componiendo plegarias á la Virgen, que solían corear desr distinta de la que ponía el sus companeros y condisvi vi iR cípulos de la! clase de Vega Marrugal, maestro de muchos que hoy son ya notabüísimos artistas. Aunque Vega Marrugal fué quien le inició en los secretos del arte. García y Rodríguez es más discípulo de Sánchez Perrier que de Vega Marrugal, pues en ios lienzos del primero ha aprendido á dibujar con una gran corrección, á componer con una exquisita elegancia y á manchar con una delicadeza extraordinaria. Estas son sus cualidades privativas, aquéllas que le separan del procedimiento técnico de la generalidad de los paisajistas españoles; y aunque ellas no lleguen al grado de perfección en que las ostent artista andaluz en cuyos cuadros se ha inspirado Garcli I. hállanse compensadas sobradamente con la robustez y el vigor de que hace gala en todas sus producciones, robustez y vigor que dan á la ficción casi el mismo valor que la propia realidad. l V De los que sigan con algún interés nuestro movi- -miento artístico contemporáneo, nadie seguramente habrá olvidado Las orillas del Guadalquivir, que presentó en la Exposición de 1887. Los argentados álamos retratándose en las aguas tranquilas de un remansí río, sobre las cuales se reflejaban grandes masas de obseun Uaje, mientras se alzaba en el horizonte, para cortar la línea del cielo, la airosa y esbelta Giralda de Sevilla, fué el motivo escogido por García y Rodríguez para revelarse en aquella ExAPUKTE DE SEVILLA posición como uno de nuestros más notables paisistas. Con Las orillas del Guadalquivir ganó una medalla de bronce, y con La tarde, titulo A