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La simple vista do nna ciudad costera produce casi sierapre u n a impresión de tranquilidad y hasta d. e orgullo; orgullo fundado en la legítima idea de que alli la mano del hombre ha triunfado sobre la furia del mar. Apiñados los edificios en formación correcta á pocas varas del mar, parecen desafiar cara á cara el poderío do éste; los muelles, Sa EL KOMPEOLAS los diques, los rompeolas sujetan y contienen al enemigo, y en vano éste lanza insultantes salivazos de espuma cont r a la costa, porque no ha de lograr que se conmuevan, no ya los fuertes sillares machihembrados que forman el dique, pero n i a u n los pedruscos irregulares que se a m o n t o n a n abajo, en la escollera. hX ROCA DE LA VIKGEN Biarritz da u n a impresión diametralmente opuesta, y Biarritz, a pesar do esto, y quizá p o r esto- mismo, cansa verdadera emoción perfectamente artística y poética la primera vez que se la ve. Su costa, desde que empieza á agitarse en Cabo Mai- tin hasta que se pierde casi en línea recta, pasada la playa de