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VIAJES DE BLANCO Y NEGRO SANTANDER ¡Venta de Baños! ¡Cuan despejada, cuan amplia cuan ventilada llanura! P o c o s lugares más á propósito p a r a u n a revista militar. Sin duda por eso tuvimos que hacer alli la gran parada en aquella infaustísima noche. II iljlanxos salido de Madrid como sardinas en banasto, y lo que es peor, cada uno en su banasto respectivo. Ningún coche tenia v a c a n t e más de u n i nto, y fué preciso divorciarnos en pleno andén. ¡Adiós, Mecachis! dije abrazándole; ¿cuándo nos volveremos á ver? ¡Adiós, Royo! ¡Hasta el valle de Josafat! -Dios le oiga; pero verá usted cómo por ese valle no pasan los expresos. Nuestra m u t u a y triste i n c o m u n i c a c i ó n duró h a s t a V e n t a de Baños, en- donde saltamos á t i e r r a como si nos hubieran soltado de u n a prisión á cada u n o Hicimos u n a visita á la fonda, otra á lo c o n t r a r i o (como dijo el otro) y al i n t e n t a r de nuevo subir al coche, y o no sé si u n empleado con u n farol, ó un farol con u n empleado, nos atajó diciendo: -Ustedes, ¿adonde van? -A Santander. -Pues p a r a rato h a y caldo. Esperen ustedes con calma y n o suban ahí, que ese es el t r e n gallego. -Entonces, ¿dónde está el nuestro? L a Guía nos da la salida de aquí dentro de dos minutos. ¡La Gula! ¿Pero ustedes han comprado Guía? Pues es la peor novela que h a n podido elegir p a r a el camino. Hubimos de resignarnos á pasar dos h o r a s mortales, dos h o r a s de m a d r u g a d a en V e n t a de Baños, u n a estación (invernal) situada á 11 kilómetros de Patencia, y el mejor reclamo para sus m a n t a s ¡Ay, Meeachis, qué mundo éste! ¡Ay, ü o y o qué m a l e t a aquélla! Asi decíamos en el colmo del a b u r r i m i e n t o y del cansancio, pero sin cabecear n i cerrar los ojos, firmes en nuestros puestos, como si estuviéramos cuidando u n enfermo g r a v e Y en efecto, u n agonizante había en la fonda al lado n u e s t r o