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508 Eeal Casa, tirados por cuatro muías, las pobres familias de los pescadores allá en el solitario muelle ó sobre las rocas m. ás altas aguardando la vuelta del patache ó de la barcaza, sorprendidos en alta mar por temporal fuertísimo que pone en grave riesgo la vida de los tripulantes El salvavidas en vez de la caseta de baños; un pañuelo para las lágrimas en lugar de la capa blanca para la salida del mar; niños q ue. lloran agarrados á la falda de su madre, y no niños que juegan cavando pozos en la playa... Mas ¿á qué recordar en plena alegría de las fiestas de San Sebastián las tristezas y miserias invernales? Hoy la capital arde en festejos, y cronistas venimos á ser, que no filósofos ni profetas. Para el forastero que encuentra excesivo el bullicio de San Sebastián en estos días, insoportables las apreturas de i j f 3 a Í S PASO DEL COCHE REAL POli MIKA- CONCHA la plaza, atronador el ruido de las músicas y de los chupina; ios, peligrosas las carreras del Cetcen- Zascua (toro de fuego) é intransitables el boulevard y las grandes vías de la población, están diciendo tomadme esas ligeras cestas que conducen al turista á Pasajes, á Hernani, á Eentería, á Lezo, á otros mil pueblecillos pintorescos llenos de bellezas naturales, de reliquias artísticas, de curiosos recuerdos históricos. Los cocheros de San Sebastián, con sus boinas rojas y sus chalecos encarnados de criado de casa grande, restallan los látigos llamando al viajero; en pocos momentos. hacéis el viaje, tomando cómodamente el fresco en la ligera cesta, con su techo impermeable y sus cortinas que renuevan el aire como abanicos. Alraorzaréis en Pasajes á orillas del mar, sobre el propio mar mejor dicho, porque Pasajes de San Juan y Pasajes de San Pedro, separados por el canal, tienden á unirse con pilotes y muelles que les dan el aspecto de ciudad lacustre. Visitaréis en Lezo el famoso Santo Cristo; en Rentería el retablo de su iglesia, trazado por D. Ventura Eodríguez; en Hernani la tumba del capitán Joanes de TJrbieta, que hizo prisionero al rey de Francia en la batalla de Pavía Pero nos vamos alejando de San Sebastián, objeto único de esta crónica, y es preciso volver á él, siquiera sólo sea para hacer punto, que tratándose de la ciudad donastiarra será un punto de admiración mejor que un verdadero punto final. LUIS E O Y O (Dibujos de Muertas; caricaturas de Mecaehis; fototipias de Eauser y Meuet. VILLANOVA