Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
504 administrativo; la p l a y a de San Sebastián, en fin, tiene su policía, su reglamentación, su servicio de vigilancia y de higiene como u n cam. pamento á la moderna. Tal es de extensa, concurrida y poblada. A h o r a que las huelgas están de moda, ¿qué sería u n a huelga de bañeros donostiarras? Pero no hay que pensar en semejante cosa. Ellos son gente grave, formal y seria: demasiado seria y formal para ser gente que, por obligación, tiene que salir muy á menudo de sus casillas. El forastero en San Sebastián no tiene que ir á buscar la playa, como en otros puntos sucede. Así como la ciudad vieja se agrupa junto al muelle, cuna de su riqueza y su comercio, la ciudad nueva, el San Sebastián de los hoteles, de los j a r d i n e s y de los paseos, está formado j u n t o á la Concha como u n ejército en día de parada. E n primera fila los dialets particulares, los hoteles aislados, las casas todas de piedra, respirando belleza exterior y Jy comfort por dentro. Su frente de b a t a l l a es u n a curva graciosísima paralela á la que forman el m a r y el muro que limita la playa. Detrás de los hoteles la oiú- VILLA ESPERANZA de la Concha, punto de reunión de la colonia forastera al caer la tarde. Se forman con las sillas agradabilísimos corros; se aspira la brisa paseando desde Alde 7- di- Eder (explanada que da frente al Casino) hasta cerca del palacio de jVIiramar, límites naturales de la playa guipuzcoana. Desde las terrazas y miradores de los hoteles se contempla el espectáculo del sol poniente, brillando en alta mar con u n rojo cereza como el de la boca de u n horno; á la izquierda del espectador el palacio de Miramar ocupando u n a altura, y Ondarreta, la playa del Antiguo, situada al pie de Mendizorrot; á la derecha la mole extendida y grisácea del G r a n Casino, con sus dos torres centrales, que se elevan como los dos anteojos de u n estereóscopo, su cúpula central, que corresponde al salón de fiestas, su terraza magnifica y su explanada de jardines, en donde se alza el kiosco para la música. Dimos u n a vuelta por el paseo entre las niñas de los corros y los gemelos enfilados al mar desde los hoteles; casi al extremo de la Concha encontramos lo que íbamos buscando; Villa Esperanza, la residencia de verano de nuestro director, que hace resaltar su artística fachada de madera entre las blancas construcciones que le preceden y le siguen. Saludárnosla cariñosamente y volvimos pies atrás para e n t r a r en el Gran Casino.