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485 jos, La Sombría, etc. oto. y mil TGCCS etcétera? AUi, donde todo es artistieo desorden, seria pecado grave liaeer u n a reseña rigurosamente cronológica. Si la pintura, con sor ol arto gráfico por excelencia, no lia podido nunca trasladar al lienzo a uollas maravillas hidráulicas, porque, como decía mny bien nuestro ingenioso cicerone, una cascada on pintura es como u n par de calzoncillos puestos á secar, ¿cómo la pluma lia do superar al pincel, ni q ué ha de conseguirse con intentarlo? BAJADA A LA CASCADA DEL IRIS E n u n espacio relativamente reducido, en u n a extensión de tierra que, á no sor por los árboles, a. barcavia eu todo su conjunto la vista de un miope. Dios ha querido que el agua de u n río modestísimo, pero claro ó inmaculado, hiciera cuantos prodigios puede i m a g i n a r la fantasía más ambiciosa; el río Piedra cae en múltiples cascadas do todas las maneras con que el agua puede caer, y cae siempre bien, como los gladiadores romanos, ya arrastrándose eu pequeños saltos como iai cÍM de goma que va perdiendo su velocidad, ya en mil chorros divergentes como el varillaje de u n abanico, y a en destrenzadas crenchas como la cabellera de u n a ninfa, y a en duchas verticales potentísimas y asombrosas. ¿Dónde está la cuenca do ese rio? ¿cómo aquellas cascadas no se unen ó i n u n d a n todo ol valle? ¿dónde ostá la ley