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toda familiaridad. Pero las cosas han cambiado por virtud de los recientes acontecimientos. La sacratísima persona del rey ha sido profanada, arrojada de su palacio de Se oul y tratada sin ningún género de consideraciones. Hasta se le amenaza con una destitución definitiva si no acepta para su reino las reformas que le proponen los japoneses, quienes le exigen también la evacuación completa de las tropas chinas de todo el territorio coreano. Al cerrar el presente número, la guerra entre China y el Japón ha empezado de una manera formal. La escuadra japonesa ha echado á pique en aguas de Corea un trasporte chino que conducía 1.700 hombres, apoderándose también de otros buques del Celeste Imperio. Además se han liCALLi; PlilSCÍPAL DE SKOUL, CAITTAL DKI, I EIKO DE OOIIEA En efecto, la reina de Corea, mujer ambiciosa como pocas, ejercia una influencia tan decisiva sobre su real esposo, que no había en toda la nación coreana empleo grande ni pequeño que no estuviese vinculado en uno de los numerosos parientes de la reina Min. Como resultado de la odiofidad que este estado de cosas atrajo sobre dicha familia, cuyos procedimientos administrativos constituían un Panamá constante de todos los negocios públicos, estalló una sublevación en toda regla, ni más ni menos que las que estilamos por Europa para casos análogos. El rey tuvo que huir, pidiendo auxilio á China; los japoneses se opusieron á la intervención, viniendo por último el rey coreano á quedar prisionero de e stos y declarada la guerra entre los dos poderosos imperios, que se disputan el derecho de arreglar los asuntos de su vecino el rey de Corea. Hasta hoy la persona de este monarca se consideraba sagrada por sus subditos. Ninguno osaba tocarle, y desgraciado del que lo intentara siquiera. El padre del rey actual murió victima de un tumor maligno porque ningún cirujano se atrevió á practicarle una ligera incisión que sin duda le hubiera salvado la vida. Únicamente sus mujeres estaban autorizadas para tratarle con yO- MON, J E F E DE LA JiSÜKEECCIOS COKEAMA brado varias escaramuzas entre las tropaschinas, coreanas y japonesas, en que éstas han llevado la mejor parte. A la diUgencia de nuestro corresponsal en Londres debemos el poder presentar á nuestros lectores los grabados que acompañan á estas líneas, reproducidos de excelentes fotografías remitidas desde Corea por un joven diplomático allí residente. E. S. C. CASA DE UN aiCSKUAT. COKEAKO