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460 cuadros, siendo éste u n singular mérito, porque los pintores militares franceses ejercen avasalladora influencia sobre los nuestros, y h a y que ser m u y español y m u y artista para mostrarse original en tales circunstancias. O t r a de sus obras más bellas es u n incomparable dibujo, el más genial de cuantos en asuntos militares conozco de dibujante español, y que sólo tiene iguales, a u n q u e en otro género, en las ilustraciones que hizo p a r a El gran taeafío hace poco en P a r í s el insigne artista español XJrrabieta Vierge. Titúlase Los Piqueros, y representa á los campesinos andaluces, maestros en alancear toros, que t a n b u e n a m a ñ a so dieron p a r a alancear franceses en la batalla de Bailen. Halos representado con el arriscado donaire de aquel país, t e a t r o de brillantes y legendarias caballerías, donde de antiguo los hombres n a c e n jinetes y se lucen las galas de la persona en cabalgatas dignas de los romanees de Góngora. E n este dibujo, verdadero relámpago de inspiración, si que revela TJnceta la profunda verdad con que siente el es- LOS I I ¿L K 110 S piritu de nuestro pueblo, del pueblo animoso y alegré que canta victorioso ó vencido sus jotas, seguidillas y j á c a r a s con ánimo invicto, y que G- oya, D. E a m ó n de la Cruz y algunos chispazos de saineteros y músicos modernos consign a n para recreo y educación do la posteridad. A pesar de su porte militar, de sus canas y de sus desgracias, huérfano do los más caros afectos familiares, en los que so ensañó la muerte, U n c e t a es de naturaleza t a n optimista, que resulta en ol t r a t o íntimo candoroso como u n muchacho y conserva íntegras las ilusiones artísticas de su j u v e n t u d Vedle en el r e t r a t o hecho por H u e r t a s que encabeza este articulo. Parece u n m i l i t a r en traje de paisano. Si lo encontráis en la calle, lo tomaríais por u n oficial de caballería franco de servicio que se ha dejado en casa las insignias y galas militares, pero que n o puede desprenderse del p o r t e delator: esa altivez del j i n e t e acostumbrado á gallardear el busto, á ojear desde lo alto del caballo con miradas llenas de frente y oblicuas, rápidas de aba. jo arriba; la compostura de los brazos siempre en posición, la mesura en los movimientos del tronco y de abeza, y el andar grave del que tiene hábitos de jinete, acompasado por los movimientos del sable, y el ruido de las espuelas. Su alta estatura y constitución recia a u m e n t a n la ilusión, de m a n e r a que al acercarse, al ver distintamente la cabeza que rige t a n acabado tipo militar, no queda duda de cuál sea su profesión. Su bigote y perilla grises; sus negras, abundantes y crespas cejas; sus ojos serenos, francos ó imperiosos; sus narices abiertas, los rasgos de fuerza de toda su pe; sona resumidos en el rostro, piden p a r a su cabeza u n casco de ondulante cimera coronado, que el sentimiento u n á n i m e de sus admiradores úraeca en laureada corona m u y bien g a n a d a en innumerables lides artísticas. FRANCISCO ALCANTAEA