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459 las antiguas glorias españolas, resplaiideeiendo en el seno de la heroica y turbada sociedad de nuestra primera guerra civil. Ilustró sus m a r e t a s batallas, luchas en las calles, asaltos, motines, duelos y fiestas, dando realidad gráfica á la multitud de gentes que llenan el libro, henchido de hermoso y varonil amor patrio, cuyo estilo se eleva con frecuencia á la altura de las grandes acciones que relata; rico de la firmeza que comunica á la pluma una mano acostumbrada á manejar él acero en defensa de grandes causas. Desde entonces vienen figurando todos los dias sus innumerables trabajos en exposiciones, revistas, periódicos y bazares, habiéndole conquistado la indiscutible categoría de nuestro primer pintor militar. T lo tengo p o r t a l porque lo mismo en sus obras acabadas que en sus apuntes, se ve la más cabal caracterización de nuestro soldado, no austero, endurecido por fríos glaciales y calores africanos, con u n a acentuación de facciones que evoca el estoicismo primitivo tenaz e indomable de nuestra raza; el cuerpo, en que la proporción y el equilibrio hacen de la masa firme u n instrumento esclavo de los ímpetus del corazón y de los nervios, apto para los sufrimientos más grandes y de fi y altivez siempre despierta, pronta para las oca A siones, p a r a las reivindicaciones personales, que constituye el fondo do incontrastable fuerza con que todo hombre nacido en España se yergue como el acero de u n a espada ante los peligros de su patria. L a inventiva que para el manej o de las prendas nacionales, capa en Andalucía, Extremadura y g r a n parte de Castilla, m a n t a y faja en Aragón, Valencia y Navarra, caracteriza á nuestros campesinos; la gracia masculina que b r o t a espontánea de esta fecunda tierra, y que en nuestros días h a alcanzado expresión sublime en u n torero, campesino hijo de campesinos, que á nadie más que á l a naturaleza debe el alto y caballeresoo donaire, el desdén altivo y la sobria compostura de su cuerpo equilibrado y ágil; todas las cualidades que de Lagartijo han hecho en la arena la más alta é insuperable encarnación del sereno valor español, celoso de la propia gallardía como si hubieran de presenciar la muerte del toro damas y caballeros con los que, y ante las cuales, acabara de j u s t a r allá en los brillantes días de nuestro siglo X V I ese arriscamiento altanero y flexibilidad y ligereza y sentimiento, en fin, de la propia gracia, con algo de amenazante cortesía e s a d a que en más ó menos proporción llev a n aq aí todos en alma y cuerpo, lo llevan los soldados que nos p i n t a TJnceta en sus paradas, en sus pelotones y sus marchas. Marchas que son fiel reflejo de esas en que al compás de las charangas que e n t o n a n el pasacalle, cuyo r i t m o caldea los corazones, deslizan nuestros infantes el silencioso pie, calzado con la cautelosa y ligera alpargata, alzando las APUNTE DEL ALBDM DE UNCETA frentes para ver y aspirar las trópicas evocaciones que vagan en nuestros cielos luminosos y azules, moviéndose unísonos, vibrontes y rápidos con la marcialidad no aprendida que g u a r d a n en sus senos las madres españolas. En sus primeros trabajos mostró u n color terroso y frío, que á esta luz de Castilla ha ido t o m á n d o s e fluido y cálido hasta en los asuntos al aire libre, como lo demuestran sus últimas obras. Multitud de ellas podrían citarse en comprobación de los caracteres s -ñalados, pero citaré sólo dos, que los lectores de BLANCO Y NEGRO pueden ver reproducidos en estas páginas, y en las que lia Devado al m a y o r extremo posible la caracterización de nuestro ejército y de nuestros guerrilleros. Es una de ellas el cuadro titulado íí ilíarcAa. Representa á un j i n e t e artillero seguido de su baterjn, l ia la que vuelve la cabeza de izquierda á derecha. Es todo u n tipo de nuestra raza, encarnación de nuestro espíritu; delgado, huesoso, fuerte y nervioso, despertisimo, de u n a distinción y elegancia varoniles, heroicas, en las que tiene más p a r t t la alta alcurnia m o r a l del espíritu que una absoluta conformidad con los clásicos cánones de la belleza plástica. Lleva en su pecho incontrastable brío; en su cabeza, resplandeciente de inteligencia, la serena reflexión del jefe, y en toda su persona esa disposición que p a r a los más increíbles milagros del entusiasmo late en toda naturaleza española. El vigoroso caballo que m o n t a corresponde al espíritu del jinete, y es u n admirable tipo de su raza. Sigúele la t r o p a con el material de artillería, destacándose las pi- imeras figuras por u n a robusta entonación sobre lontananzas delicadísimas. Es quizá el único asunto militar español en que he creído ver perfectamente caracterizada la marcialidad española, y distinguida absolutamente de la francesa, alemana é inglesa que los artistas de los respectivos países ponen en sus