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SILUETAS ARTÍSTICAS MARCELINO DE UNCETA Uncota, como pintor militar, es xm caso aparto do todo lo quo sistomíiticamente va dando lugar á la oxistoncia do esto género do p i n t u r a entro nosotros. Fué pintor militar antes do que la moda los roolutara, y lo seria sin la existencia do aquélla. El hogar zaragozano en que Unceta vino al mundo ora do osos en cuyo suelo penetran más hondas las indescriptibles raices ue aforran los corazones españoles á la patria. De su casa paterna, como do t a n t a s otras casas de Zaragoza, podían desbordarse el patriotismo y las glorias militares, y con sus sobras dotar á pueblos y razas ontoras de aquellos viriles sentimientos quo inscribieron ol nombro t r o n a n t e do la ínclita ciudad sobro las altas estrellas. Sus abuelos figuraron en ambos Sitios al fronte do aquellas legiones únicas, y él mismo, como su hermano menor, que después de distinguirse en muchos combates contra los moros alcanzo en África la muerto do los héroes, ora destinado por sus padres á perpetuar las glorias militares de la familia. Mas dosdo quo en ol colegio de Masarnau pudo manifestar sus inclinaciones, mostró t a n t a afición al dibujo como desvio hacia las matemáticas y demás estudios preparatorios para su ingreso en el cuerpo de Artillería, á que lo destinaban. Entonces lo llevaron á Zaragoza, en cuya academia dio principio á sus estudios de jiintura, hasta que el 55 obtuvo su padre ol destino de tenedor del Grran libro de la Deuda, trasladándose con su familia á Madrid, donde continuó en la Academia central, y asistiendo con gran aprovechamiento á las clases do D. J u a n y D. Carlos Ilivera, D. José y D. Federico 3I adrazo, cuyas lecciones, sobro todo las de esto último ilustro maestro, disciplinaron los libérrimos ins- r- Jasr tintos que forman la base del carácter en todo verdadero artista. Compañero é intimo amigo fué de jEosalos, como de Palmaroli, Mercado, Raimundo Madrazo, Kioo, Perca, Escosura, y otros que han sido y son gloria y honra del arto patrio. El Gü volvió á Zaragoza con su familia, y entro su infantil modestia y el forzoso alejamiento de Madrid, centro de publicidad de la Península, apenas quedo pronto entre s u compañeros el recuerdo do las esperanzas que inspirara en sus mocedades. El público de Madrid desconoció las aptitudes del j o v e n artista, pero desde que se trasladó á Zaragoza comenzaron á dar sus frutos p a r a el arte los antecedentes militares de la familia de Unceta. Estos antecedentes consistían en incroibles hazañas, en episodios innumerables en que el coraje aragonés estallara con estruendo y r u i n a mayores que los sombrados por las bombas enemigas, en el brillo de las altas clases militares, en la espléndida y aragonesa bizarría de su casta, t a n dada a los ejercicios varoniles que aceran los músculos como á g u a r d a r incólumes las tradiciones caballerescas de la nobilísima tierra; do modo que Unceta, que no pudo con la ciencia militar, comenzó, en cuanto su m a n o se fué desligando de los preceptos académicos, á dar forma á sus fantasías, que no eran otra cosa que la historia vivida de nuestras glorias militares. Si el ejército perdió en él u n buen soldado, ganó un cantor de sus grandes hechos. Y no solamente so dedicó á los asuntos militares, sino á los de costumbres, prefiriendo los de toros. Corrió por aquel tiempo ol mundo u n cartel de toros, estimadísimo por ol extraordinario brío con quo fantaseó los rasgos más graciosos y salientes do la fiesta nacional, y probó su sólida instruoción artística y generales aptitudes realizando, entre otras muchas, dos grandes obras decorativas en la cúpula del Pilar, Mártires de, Aragón y Ohiapoa de Aragón; poro sus aficiones lo inclinaron siempre á los asuntos militares y do toros.