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c Tendrá mucha inspiración, pero á mí me suena mal eaa lata musical, dicho sea con perdón. No sé apreciar lo qne vale, y aunque de moda se encnentra, por un oído me entra y por el otro me sale. De lo poquito que oí estoy medio loco ya. Trompetazo por acá! Zambombazo por aquí! Lujofe de composición, equihbnos de armonía, y no hay una melodía qne me llegue al corazón. Como abusa del metal, un ex artista de fama al sabio Wagúer le llamíN Mirtenei o musical. Yo, j) or decoro del Arte, no le llamo sartenero, i ero lo qne es trompetero c lo llamo en cualquier parte. Al entusiasmo se entregan, y á entusiasmarme no acierto. Yo j a sé ne en UQ concierto el mejor día me pegan. La música wagneriana no es para oídos vulgares. Me gustan más Los Madgt ar V El Dúo de la Africana! Sin hipócritas rubores declaro mi incompetencia. 1 La música, como ciencia, no me resulta, señores I Hay que sentir sin pensar; sm que una composición necesite explicación de lo que quiere expresar. h, f Eso, en Wagner, no me extíPñaU pero lo triste, lectores, son Los Maestros cantores que van saliendo en España. No hay autor que viva en p. iz oyendo á cada minuto á un MendeJsohn en canuto á un nuevo Gflück en agraz. En la obrilla más ligera, que pide el vals de salón, í picaresca intención I la polka ó la habanera, i de sabios haciendo alarde largan todo lo aprendido: Preludio á telón corrido, al declinar de la tarde Plegaria de la Manuelu que es doncella de labor, ó aRaconto de tenor que es tocador de vihuela; mucho arrastrar los nohnes hasta que el arco se rompa; un par de solos de trompa y un dito de cornetines, para que salte A la vista del público poco diestro que es un prodigio el maestro y üli melón él libretista. Que cometa sus deslices Wagner, lo encuentro muy bitii; ¡pero que. aquí no la den de sabios los aprendices! ¡Todo mnsiquillo audaz que quiera ser zarzuelero, qne aprenda de Caballero ó de Barbieri, y en paz! JOSÉ J A C K S O N VEYAH V