Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JUJÚI CAUTIVO CUKNTO O R I G I N A L El más famoso silbante do piocooitas y canciones populares por calles y placías, g r a n recolector do colillas, lapidador de gatos, adiestrado en misteriosos aprendizajes de ratero y en comienzos ó ensayos de estndian 6 del matute, el pillnelo mozalbete Ju. júi, que pasaba las noches de aventuras por la corte y dormía casi todos los días al sol en las afueras, estaba cierta tarde sentado en u n banco do Recoletos, sin duda por descansar do alguna fatigosa travesura ó por premeditar sosegadamente alguna picardía. E r a u n moronillo desarrapado, pero m u y guapote; sus cabellos negros y negros ojos do gitano, asi como gitanescas la malicia y socarronería do su cara do t u n a n t e dábanle u n a expresión entre maligna ó infantil, de gran interés para la observación y el estudio de los cautelosos y avisados. A la mirada de Jujúi, perspicaz y avivada, penetrante y provenida, nada podía escapar; hubiera seguido por el espacio el vuelo de u n mosquito. Aquellos ojos t e n í a n el disimulado acechar bajo aparente adormecimiento felino y la i n t e n c i ó n propios de un experto perillán; pero no so había marchitado, no tenia la palidez con que el vicio precoz m a n c h a la adolescencia; sus labios eran m u y rojos, sus mejillas m u y sonrosadas, y, algo indecible, la dulzura del niño so entreveía en su faz á pesar de los finos rasgos truhanescos visibles en aquella carita de diablo. Hacia u n buen r a t o que se hallaba allí tranquilamente sentado, cuando de pronto, por rápido movimiento, alzó la cabeza, miró al espacio, púsose en pie, dio corriendo algunos pasos, é instant á n e a m e n t e contuvo su impulso y so quedó parado mirando á u n a y otra parte con curiosidad. ¡Un canario! exclamó. Acababa de verlo pasar j) or allí con estremecimientos de júbilo en su aleteo. Eaé u n ovillito amarillo de oro que atravesó como- C í una flecha, desde no se sabía cuál de los balconos de la casa de enfrente, por el cielo r azul de Madrid, hasta descender y esconderse en uno de los copudos castaños del otro lado del paseo. E r a u n fugado. ¡Ole, mi niña! añadió loco de alegría Jujúi. ¡Viva la libertad! ¿De onde se h a b r á escapao? ¡Ay qué primo! Ese se ajicjura que va á encontrar alpiste y cañamones por el suelo. ¡Ta escampa! No has nado gorrión; eres tú mu señorito pa vivir fuera do la j a u l a ¡Si yo le pescara! ¡Quiá, tampoco! ¡Anda bendito de Dios! Luego de esto, que en acción, dicho y pensamiento fué t a n rápido como veloz había sido el vuelo del paj arillo, Jujúi vio que eii el balconcito del entresuelo de una de las casas de enfrente acababa de aparecer u n a joven, u n a señor i t a llena de aflicción, extendiendo los brazos como si con ellos quisiera coger en el espacio al canario volandero. nmB