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430 barba es el mayor obstáculo; de ahí el rascársela con tanta frecuencia, y en momentos de apuro sobre todo. Y en segundo término, ¿cómo negar que á Sagasta lo que le vale es el bigote, y sólo el bigote? lío el del labio superior, sino el tupé, que viene á ser un bigote cerebral tan importante ó más que los bigotes contemporáneos de que he hablado más arriba. Fué terrible la primera tormenta de este verano, y no respetó nada ni á nadie. Mojáronse en el Congreso los padres de la patria, mojáronse en los toros aficionados y lidiadores, y hasta el mismo cauce del Manzanares se vio mojado por breves horas. -Hoy es día de tronar hasta con la novia, decía un chico abandonando á su cortejo en el Pinar y corriendo hacia la Puerta del Sol. Los truenos, en efecto, eran horribles. Parecía que desde el cielo nos echaban el agua con tinajas y todo. Alguien exclamaba oyendo las detonaciones: -Ya ha caído uno. ¿En qué lo conoces? ¿en el batacazo? -Quiero decir que ha caído un rayo, y ha debido ser por aquí cerca. Al Congreso fueron varias exhalaciones, pero no llegaron á jurar el cargo, porque en aqnel momento se levantaba la sesión. Los diputados, agrupándose en el vestíbulo, no se resolvían á salir, y soltaron á uno de los hujieres para que les trajese el ramo de oliva ó el ómnibus del mismo señor. Las oficinas de Telégrafos se pusieron perdidas, como de costumbre. Y es que la primera visita de la electricidad libre es para la electricidad domesticada. Los pianos del Hughes funcionaban haciendo gárgaras. Al poco rato las líneas empezaron á decir que nones, y quedamos incomunicados como en los mejores tiempos de las galeras aceleradas. De los últimos despachos recibidos fué el referente á la elección presidencial francesa. (CasimiroPeriery jdecía lacónicamente el despacho. ¿Quién será el presidente? preguntaban algunos mirando la cinta. -Pues ese, Périer. -No, Perier no ha sido. fíjese usted en que dice Casi. En la calle del Barquillo por poco flotó el entarugado. Mandó un par de bombas eí Municipio, y el agua aumentó como por encanto. En cambio, las bombas de incendio no arrojan agua así las maten. De modo que la permuta se impone: acudan al fuego las bombas de agotamiento, y vayan á las inundaciones las bombas contra incendios. Aunque mejor sería abandonar las bombas del todo. Porque ¡ya lo ve el Ayuntamiento! hasta el feroz anarquismo ha comprendido que f nri y las bombas estaban llamadas á desaparecer. LUIS B O Y O DiRtMoi íin C r l I A) VILLANOVA